¿Cómo detectar energías negativas? ¡Sólo necesitas un vaso con agua!

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La energía negativa es la energía que se recoge alrededor de la casa de un individuo en la que puede afectar sus estados de ánimo y pensamientos de una manera negativa, como poner énfasis en su bienestar, darles emociones negativas y deteriorar lentamente las relaciones del anfitrión con amigos o familiares.

Este artículo es un método sobre cómo usar un vaso de agua para ver si hay energía negativa en un hogar, con la esperanza de que haga que la persona sea más consciente de los diferentes aspectos que pueden estar afectándolos más allá de los atributos físicos.

¿PUEDE DETECTAR LA ENERGÍA NEGATIVA EN SU CASA CON SÓLO UN VASO DE AGUA?

Lo primero que hay que hacer es reflexionar sobre las ocurrencias recientes que pueden conducir a la razón por la que las energías negativas comenzaron en el primer lugar.

Puede ser difícil describir si hay estas energías con seguridad debido a muy pocos síntomas evidentes. Si el individuo no siente que hay algo mal, usar este método es una buena manera de detectar problemas subyacentes.

Obtenga una copa de vidrio transparente y llénela con un tercio de sal marina, un tercio de agua y un tercio de vinagre, y luego colóquelo en una habitación donde pueda localizarse la energía negativa.

El individuo entonces oculta la taza y la deja allí por 24 horas completas – la taza no se debe mover dondequiera.

Si el vaso tiene manchas o muchas burbujas y parece haber sido manipulado antes de ser colocado, eso representa que hay una presencia negativa. Repita los pasos de sustituir el vidrio con los mismos ingredientes durante tantos días hasta que el vidrio permanece intacto.

Una advertencia es para lavar los ingredientes del vidrio en el inodoro con el fin de eliminar toda la energía negativa de la casa. Si el individuo todavía se siente incómodo acerca de su entorno espiritualmente, entonces deben repetir hasta que se sientan a gusto nuevamente.

No muchas personas piensan en los atributos espirituales que pueden estar presentes en su hogar, a veces no es necesario si la persona tiene una vida estable.

Fuente: mystificum.org

Silencio y sueño: las dos necesidades de la mente que se han vuelto lujos

El sueño y el silencio se han vuelto productos de lujo, siendo necesidades de la mente y el alma, lo cual nos dice mucho de la época en la que vivimos.
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Vivimos en un mundo donde lujos, caprichos y fantasías son transformados en necesidades por la maquinaria mediática-económica. Creemos que necesitamos el nuevo iPhone, el cuerpo de una modelo de Victoria’s Secret o la vida estereotípicamente feliz de una familia moderna. Mientras esto sucede cosas que realmente sí son necesarias, como el silencio y el sueño, se convierten en carísimos lujos que sólo algunos pueden pagar o que sólo algunos tienen la estabilidad mental necesaria para recordar su importancia, inmersos en el frenesí de estímulos y estrés de la realidad actual.

La confusión en la que estamos envueltos puede apreciarse por el hecho de que hasta hace algunos años dormir poco era considerado un signo de éxito y admiración, ya que significaba que una persona estaba muy ocupada, era importante y estaba mayormente transformando su tiempo en dinero. Esto todavía puede apreciarse en ciertos ambientes urbanos competitivos, como en Tokio, donde se practica el extraño fenómeno del inemuri, dormir en el trabajo como símbolo de que la persona está entregada a su labor y está permanentemente disponible, por lo cual amerita mayor responsabilidad, promoción y salario.

En los últimos años estudios científicos han mostrado que prácticamente no hay nada tan dañino para la salud en general como consistentemente descuidar nuestro tiempo de sueño. Dormir mal –y esto significa cantidad de horas pero sobre todo calidad, lo cual tiene que ver con el silencio– es casi equivalente a asegurarse que estamos apilando un fardo de enfermedades, estrés, mal humor y bajo desempeño. Puede que algunos sean más resistentes que otros, pero si una persona simplemente no le da mucha importancia a su sueño, esto acabará costándole muy caro en términos de salud. En esto observamos una tendencia en la que se prioriza el dinero sobre la salud, se cree que el dinero puede resolverlo todo y se legitima entonces dormir poco –o en realidad cualquier actividad– para ganar más dinero (el cual puede redimir cualquier cosa).

Vivimos en un mundo que se rige por la economía, una economía de crecimiento infinito en la que lo fundamental es generar más ingresos pero no necesariamente generar más prosperidad, como claramente ha mostrado Douglas Rushkoff en su más reciente libro. En el afán de generar más ganancias, hemos atiborrado nuestros espacios de objetos ruidosos, de tecnología que perturba los ciclos naturales y de un imperativo moral de ser productivos. Nuestra visión económica de la realidad opera de manera predatorial, en todos lados buscando extraer valor –aunque esto signifique explotar y saquear la naturaleza– para seguir presentando resultados de crecimiento. Esto ha llevado a que el sistema incluso haya convertido el dormir en un producto de lujo, habiendo antes orillado a los ciudadanos a llevar una vida de estrés y alta presión, en general poco conducente del sueño, en el intento de perseguir el otro sueño: el sueño del éxito, el sueño aspiracional de tener más cosas, el sueño americano, etc. En estos casos de dinámicas todos pierden, el único que gana es el sistema capitalista y las grandes corporaciones que son entidades abstractas, cada vez más parecidas a algoritmos que operan más allá del control humano.

Dormir bien se ha convertido en un lujo y no se han tardado diferentes empresas y personalidades en capitalizarlo. La fundadora del Huffington Post, Arianna Huffington, ha embanderado la importancia de obtener las 8 horas diarias –lo que el médico ordenó– y ha publicado The Sleep Revolution, un nuevo libro sobre este tema. El Huffington Post predice que los salones de siesta serán tan comunes como las salas de conferencias en las oficinas corporativas.

The Guardian detecta que empieza a haber un boom de productos y servicios relacionados al sueño y a su optimización; Un lugar como YeloSpa está cobrando a los ajetreados ciudadanos de las grandes urbes 1 dólar por minuto de sueño; existen nuevos “retiros de sueño”, donde se pueden pagar hasta mil dólares por un par de días de terapia; nuevas innovaciones en el mercado de los colchones y camas en lo que se empieza a llamar “performance bedding“, tecnología del descanso orientada a mejorar el performance de los individuos, así como también salones de sueño como antes salones de belleza (y es que el sueño se transforma también en coeficiente de belleza)

A la par se han generado numerosas aplicaciones y gadgets, como máscaras para dormir que monitorean ondas cerebrales y estados REM, y cuyo fin es hackear el sueño ideal para presentar una ventaja competitiva al ejecutivo moderno. Todo esto está siendo vendido sobre todo bajo la rúbrica de que el sueño tiene una función esencial: mejora tu desempeño y aumenta tu producción. Así tenemos un círculo o negocio completo.

Evidentemente pocas personas pueden pagar spas para dormir, o wearable tech de 200 dólares para mejorar su sueño y no todos tienen nueve asistentes como Arianna Huffington, para así poderse consagrarse a los brazos reparadores de Morfeo… y sin embargo, pocas cosas realmente son más importantes que dormir bien.

Dormir se ha convertido en un símbolo de estatus: dormir como un bebé… o dormir como una mujer blanca de perfil socieconómico A- o A+. Estudios muestran que los pobres duermen peor que los demás y que las personas que mejor duermen –al menos en Estados Unidos– son las mujeres blancas de clase alta. Dormir bien no se trata solamente de tener tiempo para dormir, es también necesario estar en el espacio adecuado –por ejemplo, un barrio donde no haya mucho ruido– e incluso tener el cuerpo y la mente adecuada: una persona sometida a alto estrés, enferma o con distintos achaques difícilmente podrá dormir bien. Cuando esto falla, es necesario tener la capacidad de abstraerse, de relajarse y hacer silencio. ¿Pero quién tiene tiempo para mantener una disciplina meditativa que le permita silenciar el ruido del mundo y paliar la altisonante locura colectiva, así como también silenciar sus propios pensamientos interpenetrados por las cuitas mundanas? Esto, nos dirían las personas que duermen 5 o 6 horas diarias para trabajar más y poder ahorrar para comprarse un mejor automóvil, es un lujo.

La calidad del sueño, ese intangible en el reino de la cantidad, está relacionada con el silencio, lo cual también se ha convertido en un producto de lujo, reservado para los ricos o para aquellos dispuestos a abandonar las ciudades y las sociedades modernas, eligiendo una vida modesta, aislada y tranquila si bien teniendo que sortear las incomodidades de habitar lejos del gran supermercado o el gran centro comercial que es la urbe.

Al igual que el sueño, el silencio también está siendo pasado por un branding y toda una campaña de producto de lujo. Finlandia, por ejemplo, ha centrado su campaña para atraer turistas en promoverse como un lugar donde el silencio sigue existiendo. Sabemos que vivir en lugares ruidosos se correlaciona con todo tipo de enfermedades, dese alta presión arterial a mayor propensión a la esquizofrenia y otras enfermedades mentales. Por otro lado, estudios recientes muestran que el silencio promueve la generación de nuevas células del cerebro o neurogénesis.

El silencio es importante también para las personas que tienen un interés en crecer –pero ya no económicamente sino espiritualmente. Un estado de silencio, paz y relajación, son los requisitos para el funcionamiento correcto de la mente y la percepción precisa de la realidad, según filosofías como el budismo. El estado natural de la mente emerge cuando se logra cultivar el silencio –sorprendentemente la naturaleza de la mente no es la agitación, la aceleración o la excitación, es una amplitud más cercana a la vacuidad. El silencio en este sentido es lo que nos permite sentir esta vacuidad de las cosas que es descrita también como radiante y como infinita potencialidad. Paradójicamente, al ciudadano moderno la vacuidad le produce horror y estrés y rápidamente busca llenar el espacio de objetos y el silencio de ruido.

El místico Valentin Tomberg escribe en sus Meditaciones sobre los arcanos del tarot que el silencio es el punto de partida para todo camino espiritual y por ello está asociado con la carta del mago, la cual simboliza “una concentración sin esfuerzo”, la cual sólo es posible una vez establecido un silencio interno.

La concentración sin esfuerzo –es decir, ese lugar en el que no hay nada que suprimir y en donde la contemplación se vuelve tan natural como la respiración y el latido del corazón– es el estado de conciencia (i.e., pensamiento, imaginación, sensación y voluntad) de calma perfecta, acompañada de la completa relajación de los nervios y los músculos del cuerpo. Es el profundo silencio de los deseos, las preocupaciones, de la imaginación, de la memoria y el pensamiento discursivo. Uno podría decir que todo el ser se vuelve como la superficie quieta del agua, reflejando la inmensa presencia del cielo estrellado y su armonía inefable. […]

Con el tiempo, el silencio o la concentración sin esfuerzo se vuelve un elemento fundamental siempre presente en la vida del alma… Esta “zona de silencio”, una vez establecida, es un manantial del cual uno puede tomar tanto para el trabajo como para el descanso. Entonces tendrás no sólo concentración sin esfuerzo, también actividad sin esfuerzo.

El silencio interno nos permite no sólo dormir mejor sino también soñar mejor e iniciar experimentos controlados en el mundo onírico. Creemos que las 8 horas que dormimos, la tercera parte de la existencia, son un desperdicio. Pero además de que cumplen con una importante función de restauración de la energía, aprendizaje y regeneración celular, sólo pensamos esto porque no recordamos nuestros sueños o no hacemos nada interesante ahí. Pero son numerosas las tradiciones que han practicado algún tipo de yoga de los sueños y han considerado el tiempo del sueño como un mismo contínumm, no algo dividido de la vigilia. La clave en este sentido parece ser también el silencio; al haber calmado los pensamientos y ruminaciones del acontecer diario, se hace más fácil entrar al sueño en un estado de calma lúcida, de observación y de integración de la experiencia (ya no se divide nuestra vida como si todas las noches bebiéramos del río Leteo). Esto se traduce en una mayor recordación –al no tener nuestra atención cautiva en un fenómeno obsesivo– y a veces en la posibilidad de entrar en un estado lúcido en el que reconocemos que estamos soñando y que las experiencias oníricas son generadas por nuestra mente (una comprensión que podría ser llevada también a la vigilia).

El silencio es el estado fundacional que nos permite observar los fenómenos sin identificarnos con ellos y sin olvidarnos de lo que está sucediendo en el presente, aquí  y ahora. En buena medida esto es así porque entrar en silencio es similar a crear una receptividad, un espacio y una apertura en la cual caben todas las cosas y desde la cual uno no colapsa sobre un fenómeno en particular; en el silencio no existen los ruidos externos o internos (pensamientos) que capturan nuestra atención y la llevan de excursión a la distracción de nuestros conceptos y recuerdos o temores. Desde esta “zona del silencio” puede emerger la profundidad de la mente y del tiempo. En este sentido el silencio nos coloca en el estado original, en la quietud que paradójicamente nos integra con el flujo perpetuo de las cosas, ante el vacío que es la inagotable fuente creativa. El Maestro Wáng Xiāngzhāi (王芗斋) dijo: “Moverse poco es mejor que moverse mucho; no moverse es mejor que moverse poco; moverse estando inmóvil es el movimiento de la creación”.

 

Twitter del autor: @alepholo

La iluminación, el despertar, consiste en saber quién eres en realidad

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Un joven discípulo caminando en silencio y ensimismado en sus pensamientos, junto al venerable anciano, llegan a la cueva donde reposarán un día más. De pronto el silencio se rompe con una pregunta que atormenta al joven discípulo:

¿Cuántas vidas hemos de vivir antes de alcanzar la iluminación?

El anciano acabó de beber un caldo, único alimento del día, que para él era suficiente. Ya poco esperaba de esta existencia. Le miró fijamente, contestándole:

¿Piensas que tienes más de una vida?

Una sola es la vida y múltiples las experiencias que vivirás hasta alcanzar lo que tú llamas “iluminación”.

La iluminación, el despertar, consiste en saber quién eres en realidad. Cuando lo sepas, ya nada pretenderás alcanzar sino sólo vivir la vida Una, que es la verdadera existencia.

Pero sólo toma mis palabras, como eso “palabras”, pues éstas son el fruto de mis transformadoras “experiencias” o vidas, como tú dices. Lo importante es la experiencia inigualable que cada ser realiza, que tú realizas, el presente que vives aquí y ahora.

Nada es casual. La “desgracia” y la “fortuna” que estás viviendo, son sólo las dos caras de una moneda que tú has lanzado con un propósito: el encuentro contigo mismo. Mas tú, eres mucho más de lo que alcanza tu vista y tu comprensión.

Cada nacimiento, cada muerte, son comparables a la puerta que abres al comenzar el día y cierras después de una larga jornada, a veces ésta aparentemente fatigosa, infructuosa, desalentadora y en otras ocasiones incomparablemente gratificante. Vuelves al Hogar, donde descansas; estás con tus seres queridos; compartes las experiencias vividas con ellos y planificas un nuevo amanecer en el que todos seremos “actores” una vez más, en la gran Obra que llamamos Vida.

El pasado no lo puedes retener, y el futuro… está por llegar. Es este instante lo más valioso. No pierdas el regalo que tienes, y disfrútalo con sabiduría y amor hacia tus semejantes y hacia ti. Ellos, estén donde estén, están en ti. Pero, una vez más, son sólo mis palabras. Vívelo.

Ángel Khulman

Monje zen le explica a samurái qué es el cielo y qué es el infierno

Una concisa y preciosa historia sobre el cielo y el infierno y la naturaleza de la mente.
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En su libro Welcoming Flowers from Across the Threshold of Hope, el maestro budista Thinley Norbu Rinpoche cuenta la siguiente historia:

Érase una vez un maestro zen que fue interpelado por un guerrero samurái, quien le pidió que le enseñara el significado del infierno y del cielo. Cuando el maestro le respondió: “Nunca le enseñaré algo a alguien tan ignorante y violento como tú”, el samurái se enfureció, alzó su espada y estuvo apunto de matarlo. Entonces el maestro dijo: “Eso es el infierno”. Inmediatamente, el samurái entendió, tiró su espada en reconocimiento e hizo una reverencia al maestro con fe. Entonces el maestro dijo: “Eso es el cielo”.

Thinley Norbu comenta que el Buda enseñó que todas las formas de sufrimiento y todas las fuentes del mal pueden cesar, una vez

que son reconocidas como las propias concepciones negativas… si el ego es purificado a través de la práctica y la realización, la mente dualista es reducida y por lo tanto el aferrarse y las pasiones que se generan son reducidas, así también el karma es reducido. Cuando el karma cesa, de tal forma que todos los fenómenos negativos cesan, eso es llamado nirvana.

Podemos entender entonces la historia de la siguiente manera: el infierno es la consecuencia de la ignorancia que se refleja en actos negativos que producen karma negativo. El infierno (o el sufrimiento que produce la ignorancia) es siempre el resultado de nuestros actos y de la intención de nuestra mente. El cielo es el resultado del karma positivo. Ahora bien, hay un matiz que se debe mencionar, y es que el budismo diferencia entre los cielos o mundos de los dioses, en los que existe puro placer pero que, sin embargo, están sujetos al karma y a la ilusión del samsara, y el nirvana, que está libre de toda condición y es el resultado de la sabiduría, de comprender que todos los fenómenos que experimentamos son consecuencia de nuestra mente. Luego podemos extender esto y extrapolar que el cielo es la gratitud, la fe, el reconocimiento; el infierno: la ignorancia, la violencia, la arrogancia, etcétera.

En el mismo texto, Thinley Norbu, gran maestro del vajrayana, señala:

Según las enseñanzas budistas, la fuente del mal no es el mundo. La fuente del mal es el pensamiento dualista, o el principio egoísta de la mente que se aferra a las cosas, y el mundo es sólo un reflejo de la propia mente… Para la mente de sabiduría del Buda, no existe el mal, pero para las mentes dualistas de los seres sensibles, la idea del mal debe purificarse.

Esto es ejemplificado en un diálogo que tiene el famoso yogui Milarepa con un espíritu o demonio en una cueva. Al encontrarse en su cueva con el espíritu de una roca Milarepa intentaba exorcizarlo, cuando el espíritu le contestó:

Si el concepto de enemigo no surge como consecuencia de tu propia mente delusoria, entonces, ¿sería yo, un espíritu de la roca, un enemigo? De hecho, este demonio del hábito nace de tu propia mente delusoria. Si no te das cuenta de que tu mente es vacuidad, entonces puede haber muchos demonios a mi lado. Pero si te das cuentas de la naturaleza de tu propia mente, entonces todas las malas circunstancias se convierten en tus amigos. E incluso yo, un espíritu de la roca, seré también tu sirviente.

Entonces se dice que Milarepa recordó las palabras de su maestro Marpa, quien le había mostrado que todos los fenómenos emergen de la propia mente, la cual es vacuidad, igual al dharmakaya, el Cuerpo de la Realidad Absoluta. Y así el espíritu desapareció. Todo infierno, todo mal, no es más que un estado mental que desaparece cuando se comprende la naturaleza de la propia mente.

 

Fuente: @alepholo

7 tips de meditación para principiantes

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La meditación tiene tantos beneficios a nivel físico, mental y espiritual que podríamos decir que es casi una necesidad para la vida actual, especialmente porque la mayoría de la población mundial está ubicada en las ciudades, donde las condiciones de vida y trabajo provocan estrés en las personas. De alguna manera el estrés es lo opuesto de la meditación, pues también tiene una serie de efectos negativos a nivel físico, mental y espiritual. Los síntomas del estrés pueden ir desde una alteración en los ciclos de sueño y vigilia y la digestión hasta irritabilidad, incapacidad para controlar nuestras emociones y pensamientos, dificultad para concentrarse y problemas de memoria. La meditación ayuda a aliviar todas esas cosas, además de brindarnos un conocimiento invaluable sobre nuestra mente y su funcionamiento. Sin embargo, cuando estamos empezando puede ser un poco complicado quedarnos quietos sin hacer  nada. Estos son algunos tips para ayudarte a dar tus primeros pasos en la meditación:

1. Inténtalo durante 2 minutos

Plantéate empezar con 2 minutos al día durante una semana; luego aumenta otros 2 minutos la siguiente semana. Si sigues el plan estarás meditando 10 minutos al día al cabo de un par de meses, y poco a poco te será más fácil. Lo importante es no ceder a la resistencia.

2. Pon atención a tus sensaciones

Centra tu atención en cómo se siente tu cuerpo, cuál es tu estado mental y simplemente nótalo. No luches contra él, no intentes cambiarlo. Sólo respira y permanece como un testigo de tu existencia.

3. Cuenta las respiraciones

Ya que estás sentado en una posición estable y has notado el estado de tu cuerpo, mente y emociones, enfoca tu atención en la respiración. Cada que inhales cuenta, y luego déjate experimentar las sensaciones de tu respiración entrando y saliendo del cuerpo. Cuando llegues a 10 respiraciones, empieza otra vez. Si te das cuenta de que te distrajiste después de las primeras dos no te preocupes, sólo comienza de nuevo y continúa hasta que llegues a 10.

4. No te recrimines por las distracciones

Cuando se empieza a meditar es normal distraerse con los pensamientos. Cuando notes que ya estás pensando o preocupándote otra vez no te enojes, no te recrimines, no te frustres. Sólo calla y comienza a contar de nuevo, al tiempo que te concentras en tu respiración.

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5. No te preocupes

Si te sientes tenso, incómodo o distraído no te preocupes, sólo alégrate de haber empezado esta práctica. La preocupación sólo activa el estrés, el cual es innecesario cuando meditas.

6. No luches contra los sentimientos negativos

Por un momento imagina que estás mirando el cielo y las nubes en un día de viento y entonces ves cómo las nubes cambian de forma, se mueven, se alejan y llegan nuevas, pero no intentas cambiar nada, sólo observas. Tus pensamientos y sentimientos son como esas nubes. Contémplalos sin elaborar en ellos; no crees historias. Respira sin rechazar ni aprehender nada.

7. Comprométete

Para lograr resultados, es necesario que te comprometas contigo mismo a hacerlo. No pienses en ello como una obligación, piénsalo como un acto de bondad.

Con información de Zen Habits
Fuente: harmonia.la

Como puedes Activar tu escudo protector – EL TOROIDE

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La energía toroidal se encuentra en todo el universo, protege con todo su campo de energía, planetas, satélites, galaxias, soles y nuestro planeta.

A nivel más pequeño se encuentra el ser humano con su campo de energía desactivado en la gran mayoría de personas en el planeta.

“El toroide, es un patrón primario, es una dinámica de energía que se parece a una rosquilla – es una superficie continua con un agujero en él. La energía fluye a través de un extremo, circula alrededor del centro y sale por el otro lado.

Existe actualmente una gran cantidad de información científica y metafísica disponible que indica que la Energía Toroidal es el mejor modelo que disponemos para intentar comprender la estructura primordial del universo. Lo que estamos realmente viendo es la forma principal de la consciencia misma, un vórtice esférico de energía, una esfera de energía auto-organizada y auto-sostenible, siendo el centro desde luego su Fuente de energía.

Cada molécula subatómica, cada cuerpo humano, planeta, sistema solar, galaxia…está sostenida bajo una Energía Toroidal, la cual crea un campo magnético. El Toroide es el modelo que utiliza la naturaleza, está equilibrado y siempre completo. Aparece en el campo magnético que envuelve la tierra, al individuo y al átomo.

La energía de un Toroide fluye desde un extremo circula por el centro y acaba en el otro extremo, esta se regula y siempre es completa.

Físicamente el chakra cardíaco esta ubicado muy cerca del corazón, que además, como parte indispensable del cuerpo humano y como elemento energético que es, genera su propio campo electromagnético, el mayor y más amplio de todos los que generan el resto de órganos. Según un estudio del Instituto HeartMath , el corazón emite una especie de campo de más de un metro de diámetro en forma Toroidal.

Este campo electromagnético permite la conexión de nuestro corazón, con su chakra correspondiente, con realidades superiores en el interior del mismo que nos abre el camino a la exploración del universo. Es como un pasadizo en el cual podemos ir abriendo puertas, para ir cada vez más adentro, o más afuera, porque en realidad lo que estamos haciendo cuando entramos a explorarnos a través del chakra del corazón, es expandir nuestra conciencia y abarcar cada vez más, espacios más bastos del Ser.

En este video aprenderás como activar tu escudo protector EL TOROIDE

Entrevista realizada por Daniel López de Medrano (Autor del libro “Reflexiones 2012”) a Luis Delgado Salez (Autor del libro “Marte, Nuestro el Eslabón Perdido”).

Fuente: ojodeltiempo.com

¿Verdad o mentira? Pregúntale a tu subconsciente

Nuestro cerebro parece estar hecho para saber cuando alguien dice la verdad o no.

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El cerebro es un órgano maravilloso por muchas razones, pero la última de ellas parece ser el hecho de que llevamos en la cabeza un confiable detector de mentiras. Un estudio dirigido por la psicóloga Leanne ten Brinke, de la Universidad de California, sugiere que la atención que le ponemos a las personas para saber cuándo nos mienten podrían ser una sofisticada forma de autoengañarnos a nosotros mismos, pues “en el fondo” siempre podemos detectar hilos de falsedad cuando se nos presentan.

El estudio se basa en la premisa de que los humanos parecen ser fácilmente engañables, pues sólo han sido capaces de detectar el 54% de las mentiras en estudios destinados a medir tal capacidad. Esto es equivalente a “adivinar” si nos mienten o no, pues sólo existen dos posibilidades: nos dicen una mentira o nos dicen la verdad. Pero se supone que existen claros indicadores de lenguaje corporal para saber cuando alguien miente, ¿cierto? La dirección de la mirada, las manos, la posición del cuerpo, la velocidad al hablar… Pensemos por un momento que éstos son justo los parámetros que utiliza un mago mientras realiza un truco de cartas: nos mira a nosotros en lugar de ver el mazo que revuelve con gestos rápidos y urgentes, o mientras mueve tres botes exactamente iguales debajo de los cuales ha escondido una pelota. El mago logra “engañarnos” como parte de un truco, ¿pero el truco en la vida diaria no será más bien que nosotros mismos decidimos engañarnos y creer que el otro, en efecto, está diciéndonos la verdad?

La hipótesis de los investigadores era que la mente inconsciente podía detectar a un mentiroso incluso cuando la mente consciente no pudiera; para ello realizaron varias pruebas con 72 participantes que observaron videos sobre sospechosos que habían tomado un billete de 100 dólares de una repisa, a la vez que videos sobre personas que no habían tomado el dinero. Todos los entrevistados decían en el video que no habían tomado el dinero, por lo que forzosamente algunos estaban mintiendo y algunos debían estar diciendo la verdad. El resultado fue que los participantes sólo detectaron al 43% de los mentirosos y al 48% de los que decían la verdad.

A la par de esta entrevista, los investigadores también midieron las reacciones instintivas en los ojos y gestos de los entrevistados, y buscaron asociarlas a la aparición de palabras relacionadas con falsedad (como “engaño” o “deshonesto”) o con palabras asociadas a la verdad (como “válido” y “honesto”). Los resultados sugieren que los participantes reaccionaban de una manera congruente con las verdades o mentiras que escuchaban, independientemente de que conscientemente supieran si la persona del video decía la verdad o no.

Para Ten Brinke, “estos resultados pueden darnos una nueva perspectiva para examinar la percepción social, y sugieren que —al menos en términos de detección de mentiras— las medidas inconscientes podrían darnos una perspectiva adicional en cuanto a la exactitud interpersonal”.

Los videos y otra información del experimento están disponibles en línea, pero una interpretación un poco más filosófica podría sugerir que en realidad somos nosotros mismos quienes nos mentimos, porque de alguna forma necesitamos que las palabras del otro adquieran la categoría de verdad. Tal vez se trate de que la comunicación humana está basada en la confianza que podemos depositar en la exactitud de las palabras e intenciones del otro, por lo que estamos hechos más para confiar que para desconfiar, al grado en que somos capaces de ser engañados. Si Nietzsche decía que el hombre es el único animal que miente, podríamos reformularlo agregando que el hombre es el único animal que se deja engañar, porque inconscientemente siempre sabe cuando le están mintiendo.

Fuente: faena.com