El Buda sobre cómo eliminar el karma y evitar el renacimiento

Discursos del Buda del ‘Canon Pali’ sobre cómo cortar la raíz de la originación dependiente y evitar el sufrimiento que caracteriza al samsara.

13-postura-meditacao-do-buda-blog-sobre-budismo

Justo antes de despertar, Gautama Buda descubrió en su meditación lo que ha sido llamado la originación dependiente (pratityasamuptada). Esto es la secuencia errática que genera y concatena la existencia cíclica que está marcada por la condición fundamental del sufrimiento. En el Vinaya Pitaka se describen los 12 vínculos (nidana):

Condicionadas por la ignorancia surgen las formaciones kármicas; condicionada por las formaciones kármicas surge la conciencia; condicionados por la conciencia surgen el nombre y la forma; condicionados por el nombre y la forma surgen los seis campos sensoriales; condicionadas por los seis campos sensoriales surgen las impresiones; condicionadas por las impresiones surgen la sensaciones; condicionados por las sensaciones surgen los deseos; condicionados por los deseos surgen los apegos; condicionado por los apegos se produce el devenir; condicionado por el devenir se produce el nacimiento; condicionado por el nacimiento se producen el envejecimiento, la muerte, el dolor, el lamento, el sufrimiento y la desesperanza. Este es el origen de toda esta masa de sufrimiento.

En el Samyutta Nikaya II el Buda explica de manera más explícita cómo llegar al cese del sufrimiento, cortando la cadena de originación dependiente. Debemos mencionar que en sánscrito (y en pali y tibetano) existen numerosas palabras para referirse a lo que nosotros llamamos conciencia. En el discurso que presentamos a continuación, cuando el Buda habla de que la conciencia debe ser eliminada, ya que es producto del karma y de la ignorancia, se usa el término vijnana, que refiere a una forma dualista de conocer, que a su vez genera el cuerpo material (ya que para el budismo es la conciencia la que genera el cuerpo y no el cuerpo el que genera la conciencia). Eliminar esta conciencia, este modo dual de cognición, no significa para el budismo que deje de haber cognición. Eliminando la ignorancia, entrando en el estado que está más allá de la muerte, existe siempre una cierta cognición, que podemos llamar gnosis primordial no dual (jnana en sánscrito y ye-she en tibetano). Este es el misterio central del budismo y de otras tradiciones no duales, la existencia de una gnosis que no es constreñida por un sujeto y no depende de objetos para saber, que existe de manera intemporal, libre de condiciones. Como dijo el Buda:

Aquello que queremos, aquello que intentamos hacer y aquello con lo que nos ocupamos, estos son los objetos que soportan la conciencia. Si hay un objeto entonces hay un asidero para la conciencia. Cuando la conciencia crece en este asidero se produce renacimiento y existencia recurrente en el futuro. Si hay renacimiento y existencia recurrente en el futuro, se producen el envejecimiento, la muerte, el dolor, el lamento, el sufrimiento y la desesperanza…

Si ni queremos ni intentamos hacer pero de todas maneras nos ocupamos con algo, la misma secuencia se produce.

Pero si ni queremos ni intentamos hacer algo ni tampoco nos ocupamos con algo, entonces no hay objeto para el soporte de la conciencia; así no hay asidero para ella; sin que la conciencia tenga un asidero para crecer, no hay renacimiento o existencia recurrente en el futuro. En su ausencia, se detienen también el envejecimiento, la muerte, el dolor, el lamento, el sufrimiento y la desesperanza. Así se elimina toda esta masa de sufrimiento…

Ahora bien, ¿cómo se evita que surja la conciencia y con ella toda esta cadena de sufrimiento que conocemos como samsara? La gran aportación del Buda no es, obviamente, notar que el mundo es sufrimiento o que hay sufrimiento como condición general debido a la ignorancia, sino que el sufrimiento puede cesar si uno cultiva el dharma, la perspectiva correcta de ver, percibir y actuar en el mundo. Cortar de raíz esta originación dependiente implica evitar que surja la ignorancia en el nivel más básico de la percepción: “evitando la ignorancia se evitan las formaciones kármicas”, dice el Buda. El karma a final de cuentas no tiene una existencia absoluta sino que depende de la intención de la mente –sin intención, sin objeto que genera avidez o aversión, no hay karma. El Buda tempranamente propone el óctuple noble sendero, afincado en la percepción de la realidad como es, y basado en tres pilares: sabiduría (prajna), concentración (samadhi) y moral (shila), como método para evitar toda esta cadena de sufrimiento. Especial énfasis debemos hacer en el aspecto del cultivo de la concentración de la mente o samadhi, que generalmente se asocia a la meditación. Es este entrenamiento de la mente, combinado con el vipashyana, la visión penetrante de la meditación analítica, lo que permite que se alcance una sabiduría, una cognitividad que no depende ya de objetos, sino que es la pura luminosidad de la mente. El budismo theravada habla de las etapas de absorción meditativa (dhyanas) en las que el practicante sostiene un estado de concentración pacífica en la que deja de estar sujeto a los estímulos externos, algo similar al estado del sueño profundo, del sueño sin sueños. Este estado se describe como una dicha profunda, totalmente pacífica.

El tema con estos estados de profundo samadhi es que pueden hacer que las personas alcancen un estado similar a los de los dioses, que viven por eones en un gozo informe, pero que no han alcanzado la liberación completa. Para trascender el estado de los dioses es necesario combinar la concentración unipuntual y la pacificación de la mente con la sabiduría, saber que los estímulos que generan los objetos conducen al sufrimiento- ya que son impermanentes- y saber que el yo no tiene una existencia inherente e independiente –no hay real asidero para la conciencia. En el budismo mahayana y en el vajrayana se hará especial énfasis en la vacuidad de todos los fenómenos (no sólo del yo) y también en la cognición no dual, siendo, sobre todo en el vajrayana, la reificación del acto perceptual en una dicotomía sujeto-objeto el origen primero de la ignorancia y toda su cadena.

Citas tomadas de Buddhist Texts Through the Ages
Fuente: pijamasurf.com

Anuncios

Enseñanzas budistas para lidiar con todo tipo de demonios y apariciones

https://td38.files.wordpress.com/2017/07/73f98-buda2bentre2bdemonios1.jpg?w=700

El universo budista, particularmente el universo del budismo tántrico, está poblado no sólo de budas y bodhisattvas, sino de toda una vasta serie de deidades y demonios. Sin embargo, a diferencia de religiones teístas en las que estas entidades tienen una existencia absoluta e independiente, en el budismo se ven estas deidades como co-emergentes, en relación siempre a la mente. Dice Thinley Norbu Rinpoche en su clásico White Sail: “Mientras que no creamos en nuestra propia naturaleza búdica, las proyecciones de la mente ordinaria de demonios y dioses seguirán ocurriendo, y creeremos que tienen una realidad objetiva y separada”. En este sentido la naturaleza búdica es igual a la no-dualidad, a la conciencia primordial que reconoce todo lo que ocurre de manera integrada a su propia mente. “De la misma manera que un espejo límpido nos regresa nuestra propia imagen, aquel que ofrece, aquel que acepta el ofrecimiento y aquello que es ofrecido no son diferentes. Es por esto que se dice que la sabiduría es el despliegue de la sabiduría”.

Thinley Norbu explica que las apariciones, circunstancias aparentemente objetivas, de demonios o de energía negativa que es reificada como una entidad sobrenatural son proyecciones kármicas de hábitos negativos que hemos apilado por numerosas vidas. Las personas que producen este tipo de fenómenos “sienten que estos demonios los están intentando lastimar y luego buscan detenerlos, escaparse de ellos o exorcizarlos. Al  no reconocer su propia naturaleza búdica, no ven que estos demonios son creados por su propia mente y son reflejados de regreso a ellos”. Una lectura no dual, fincada en el vajrayana, del famoso episodio de la iluminación de Buda enfrentando al demonio Mara, nos diría que Mara es sólo un aspecto de la mente que se desdobla como una entidad independiente al no reconocer su propia budeidad, pero que una vez que se reconoce la no-dualidad, Mara se desvanece o pierde su poder. Uno se puede sentar tranquilamente a conversar con Mara, con los propios demonios.

Algo similar sucede también con fenómenos positivos que llaman “dioses supernaturales particulares”, los cuales son resultado de hábitos positivos de proyecciones de múltiples vidas, según Thinley Norbu. Igualmente “al no reconocer su propia naturaleza búdica, no ven que estos dioses y diosas son creados por su propia mente y son reflejados de regreso a ellos”. El extremo del eternalismo, que cree en la existencia de dioses eternos separados de la propia mente, luego culpa a estos dioses cuando no logra explicar circunstancias negativas que los afligen y entonces abandona a estos dioses. “Según el budismo, la negatividad no es creada por los dioses… se culpa a los dioses porque se cree que los dioses son creadores. Sin embargo, el pensamiento de que los dioses son creadores viene del creador que es la propia mente. Estas personas creen que el creador objetivo traicionó al creador subjetivo, porque creen que sus dioses los han creado a ellos ya sus circunstancias y así los hacen torturado y castigado. Pero abandonar a dios es solo el creador subjetivo traicionando al creador objetivo”. Esta es la ilusión fundamental de la dualidad que reifica los fenómenos como objetos separados en torno a un sujeto; para el budismo vajrayana no existe tal dualidad, todo lo que experimentamos es resultado de nuestra propia mente, incluyendo dioses y demonios.

Es importante aclarar que el budismo no dice que los demonios y los dioses no existan, sino que estos sólo existen como nuestras propias proyecciones, resultado de nuestros hábitos, de nuestro karma. Pero en esto no son distintos al mundo material, a la realidad convencional que experimentamos diariamente, la cual también surge de nuestro karma, del substrato de nuestra mente; ni los dioses y demonios, ni las cosas que vemos a nuestro alrededor tienen una existencia absoluta, son sólo relativos y co-emergentes.

Podemos ver la existencia del mal como resultado solamente de nuestra ignorancia de nuestra condición original, que es la naturaleza búdica. Como explica Thinley Norbu: “las apariencias dualistas se convierten en una forma de demonio”. Aquello que en Occidente hemos reificado y llamado “el diablo” no es más que una proyección de nuestra percepción oscurecida por hábitos dualistas que pueden continuar por incontables vidas.

Siempre existe el mal causado por la energía dualista del ego. Al olvidar que todas las proyecciones, reacciones y contraproyecciones tienen su raíz en el ego, el mal parece proceder de afuera de nosotros de múltiples formas y sonidos. En realidad, el mal sólo aparenta tener una independencia externa, esto es debido a que uno olvida lo que el propio ego demoniaco ha creado al construir malos hábitos por muchas vidas, no reconociendo las propias proyecciones.

En el tantra budista (vajrayana, sendero del diamante) se busca establecer una visión pura, esto es ver desde la perspectiva de un Buda. Se toma el fruto del sendero, el Buda que inevitablemente nos aguarda, el resultado de la práctica, como realidad actual. Este es el acto supremo de la imaginación divina. Se dice en el vajrayana que todos los fenómenos son transformados en deidad. Según las enseñanzas del vajrayana la naturaleza búdica es llamada deidad de sabiduría nacida inherentemente. Esto es porque aunque los seres momentáneamente se ven oscurecidos por la mente ordinaria y no la reconocen, la deidad está dentro de la mente y en ningún otro lugar”, dice el maestro Thinley Norbu.

Existen diversas prácticas tántricas para lidiar expresamente con “demonios” entre ellas el chöd, y por supuesto el tantra esencialmente utiliza la visualización de deidades como cultivo de energía positiva en su transformación alquímica espiritual. Para concluir podemos decir que una forma para lidiar con demonios, apariciones y demás entidades es simplemente preguntándonos por su naturaleza, por su origen, de manera atenta sin fusionarnos cognitivamente con ellos. Entonces, según el budismo tántrico, reconoceremos que no tienen existencia independiente de nuestra mente, están vacías. Ocurre algo similar a cuando somos capaces de preguntarnos en un sueño si estamos soñando: al hacerlo lúcido todo asomo de terror se desvanece, ya que reconocemos que todo viene de nosotros.

Twitter del autor: @alepholo

Por qué es importante “sentir” que vamos a morir y no sólo “saber” que vamos a morir

La conciencia de la muerte como camino hacia una vida espiritual llena de significado.

https://niblognibloga.files.wordpress.com/2014/02/camino-hacia-el-sol.jpg?w=826&h=620

En esta pequeña entrevista en un centro comercial, el psiquiatra Claudio Naranjo nos introduce a lo trascendental en lo cotidiano. Naranjo señala claramente que la muerte, pensar sobre la muerte es el principio de una vida reflexiva que accede al significado y posiblemente a la espiritualidad; es de hecho la forma universal, a la que todos tenemos acceso, para acercarnos a la espiritualidad.

El primer y más básico acto de conciencia que distingue al ser humano es notar que “vamos a morir y todas las personas que conocemos van a morir”. Esto parece muy sencillo pero es sumamente significativo, y si no nos lo parece es porque realmente no lo hemos asimilado. “Lo sabemos sólo intelectualmente, no emocionalmente”, dice Naranjo. La clave, entones, yace en sentir la muerte, por más horror y contrasentido que esto nos parezca.

Explica Naranjo:

Si sintiéramos que nos vamos a morir seríamos mejores personas, no seríamos tan narcisistas, si sintiéramos que nos vamos a morir aprovecharíamos mejor el tiempo… nos dedicaríamos más a buscar aquello que no es mera supervivencia y comodidad o dinero… o estatus…  las cosas más profundas de la vida las buscaríamos más si supiéramos que la vida es un recurso escaso, que lo es.

El terapeuta y médico chileno dice que  el hecho de no sentir la muerte “es un paradigma de la represión, de la inconciencia” en la que estamos sumidos. “Mientras menos esté una persona en sintonía con sus potencialidades y con su destino, mientras menos esté viviendo para el bien de su alma y de los demás, más traumática la conciencia de la muerte”. Cotejemos la meditación sobre la muerte con nuestra vida común y corriente viviendo para entretenernos o pasar el rato indolentemente: “pensar en la muerte nos libera de la fantasía, de las cosas triviales, de los chismes”, nos hace trascender el entretenimiento banal, “nos permite llegar a nosotros mismos, atravesar una antesala de horror al vacío”.

Naranjo menciona que Gurdjieff, “el Sócrates ruso” (o armenio), decía que “se nos ha implantado un órgano especial para adormecer en nosotros la conciencia de la muerte… de la misma forma que nosotros alimentamos corderos o cerdos para engordarlos y comérnoslos, así la naturaleza también nos engorda”. De hecho la conciencia de la muerte  y de este esquema de una vida sin sentido, que es una marcha al matadero sin conciencia de lo que ocurre, constituye un rasgo definitivo de un grado superior de humanidad espiritual. “En las tradiciones espirituales, la conciencia empieza por la conciencia de la muerte o que todo es transitorio, evanescente, impermanente”. Así se conecta Gurdjieff con el Buda (quien enseñó anicca, la impermanencia de todas las cosas) y Sócrates, quien dijo que la filosofía es esencialmente un entrenamiento para la muerte, esto es, llevar una vida filosófica para que la muerte sea un acto de conciencia en el que el alma sea capaz de recordar y recobrar su propia naturaleza divina.

Por último Naranjo habla sobre Heidegger, el filósofo alemán para quien “El ser es ser hacia la muerte”, y quien nos enseña que “si queremos despertar y ser auténticos debemos conectarnos con esa realidad”. La meditación sobre el ser es una meditación sobre la muerte, la inescapable frontera que da sentido a nuestra vida y hacia la cual debemos dirigir nuestra conciencia, como un río a un mar.

Escucha El espíritu original de la filosofía: una meditación sobre la muerte:

Fuente: pijamasurf.com

Monje zen le explica a samurái qué es el cielo y qué es el infierno

Una concisa y preciosa historia sobre el cielo y el infierno y la naturaleza de la mente.
https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/b9/72/1b/b9721bf7ea4d7e8552e585903171abd1.jpg
En su libro Welcoming Flowers from Across the Threshold of Hope, el maestro budista Thinley Norbu Rinpoche cuenta la siguiente historia:

Érase una vez un maestro zen que fue interpelado por un guerrero samurái, quien le pidió que le enseñara el significado del infierno y del cielo. Cuando el maestro le respondió: “Nunca le enseñaré algo a alguien tan ignorante y violento como tú”, el samurái se enfureció, alzó su espada y estuvo apunto de matarlo. Entonces el maestro dijo: “Eso es el infierno”. Inmediatamente, el samurái entendió, tiró su espada en reconocimiento e hizo una reverencia al maestro con fe. Entonces el maestro dijo: “Eso es el cielo”.

Thinley Norbu comenta que el Buda enseñó que todas las formas de sufrimiento y todas las fuentes del mal pueden cesar, una vez

que son reconocidas como las propias concepciones negativas… si el ego es purificado a través de la práctica y la realización, la mente dualista es reducida y por lo tanto el aferrarse y las pasiones que se generan son reducidas, así también el karma es reducido. Cuando el karma cesa, de tal forma que todos los fenómenos negativos cesan, eso es llamado nirvana.

Podemos entender entonces la historia de la siguiente manera: el infierno es la consecuencia de la ignorancia que se refleja en actos negativos que producen karma negativo. El infierno (o el sufrimiento que produce la ignorancia) es siempre el resultado de nuestros actos y de la intención de nuestra mente. El cielo es el resultado del karma positivo. Ahora bien, hay un matiz que se debe mencionar, y es que el budismo diferencia entre los cielos o mundos de los dioses, en los que existe puro placer pero que, sin embargo, están sujetos al karma y a la ilusión del samsara, y el nirvana, que está libre de toda condición y es el resultado de la sabiduría, de comprender que todos los fenómenos que experimentamos son consecuencia de nuestra mente. Luego podemos extender esto y extrapolar que el cielo es la gratitud, la fe, el reconocimiento; el infierno: la ignorancia, la violencia, la arrogancia, etcétera.

En el mismo texto, Thinley Norbu, gran maestro del vajrayana, señala:

Según las enseñanzas budistas, la fuente del mal no es el mundo. La fuente del mal es el pensamiento dualista, o el principio egoísta de la mente que se aferra a las cosas, y el mundo es sólo un reflejo de la propia mente… Para la mente de sabiduría del Buda, no existe el mal, pero para las mentes dualistas de los seres sensibles, la idea del mal debe purificarse.

Esto es ejemplificado en un diálogo que tiene el famoso yogui Milarepa con un espíritu o demonio en una cueva. Al encontrarse en su cueva con el espíritu de una roca Milarepa intentaba exorcizarlo, cuando el espíritu le contestó:

Si el concepto de enemigo no surge como consecuencia de tu propia mente delusoria, entonces, ¿sería yo, un espíritu de la roca, un enemigo? De hecho, este demonio del hábito nace de tu propia mente delusoria. Si no te das cuenta de que tu mente es vacuidad, entonces puede haber muchos demonios a mi lado. Pero si te das cuentas de la naturaleza de tu propia mente, entonces todas las malas circunstancias se convierten en tus amigos. E incluso yo, un espíritu de la roca, seré también tu sirviente.

Entonces se dice que Milarepa recordó las palabras de su maestro Marpa, quien le había mostrado que todos los fenómenos emergen de la propia mente, la cual es vacuidad, igual al dharmakaya, el Cuerpo de la Realidad Absoluta. Y así el espíritu desapareció. Todo infierno, todo mal, no es más que un estado mental que desaparece cuando se comprende la naturaleza de la propia mente.

 

Fuente: @alepholo

Libro de la semana: “Diccionario Mito-Hermético”, una introducción al misterioso léxico de los alquimistas

Escrito por el alquimista y masón Dom Antoine-Joseph Pernety, este libro es un excelente recurso para consultar en el estudio de las artes herméticas

https://i1.wp.com/lex.staticserver1.com/static/es/800/hermetismo.jpg

El Diccionario Mito-Hermético del alquimista y erudito Dom Antoine-Joseph Pernety en la traducción de Santiago Jubany constituye seguramente el gran referente lexicográfico al cual podemos recurrir los interesados en la alquimia en castellano. En inglés otra excelente opción es el diccionario de Martin Ruland, A Lexicon of Alchemy, escrito originalmente en latín pero traducido al inglés. Otro diccionario importante para estudiantes del esoterismo es el Diccionario de Símbolos de Federico González. La obra en cuestión fue escrita en 1758 por Pernety, quien primero formara parte de una congregación benedictina y luego fundara su propia orden iniciática de corte masónica. En este texto se presentan definiciones puntuales de la mayoría de los términos utilizados por los alquimistas para referirse a los distintos elementos de sus operaciones (metales, minerales, vegetales; matraces, hornos, crisoles, etc.) y a los procesos de esta arte oculta, a la vez que se nos introduce a todo el cosmos de mitos, héroes y conceptos que fueron muy importantes en la configuración de este sistema que es una cámara mágica de resonancias en las que lo práctico se disuelve en lo simbólico en un perfecto tejido analógico.

Nos dice Pernety que “jamás ninguna ciencia tuvo mayor necesidad de un diccionario como la Filosofía Hermética” donde “los nombres bárbaros que allí se encuentran parecen estar vacíos de sentido” y “los términos equívocos, puestos a propósito en casi todas las frases no presentan ningún sentido determinado”, ciencia en la que “los mismos autores advierten que no se les ha de entender al pie de la letra, que han dado mil nombres distintos a una misma cosa, que sus obras no son más que un tejido de enigmas, metáforas y alegorías presentadas bajo un velo de términos ambiguos”. Y, sin embargo, este palacio secreto del lenguaje que es la alquimia no es arbitrario; consiste del entramado de la “Ciencia que es clave de todas las otras”. El alquimista ha llegado a las alturas de la sabiduría por el camino áspero de la disciplina y la dedicación pero también por la bendición de lo divino y por lo tanto no puede más que ofrecer su asistencia a los demás. Pero al haber recibido el arte “a la sombra del misterio” y siendo este misterio parte esencial del trabajo –en donde la preparación de la tierra, la siembra y el nutrimiento de la “planta” es tan importante como el fruto mismo– tampoco pueden levantar el velo para el vulgo y “abstenerse de escribir misteriosamente”. Este es el sentido antiguo de los mitos: eran toda una psicología iniciática o una teología poética (según Marsilio Ficino); el proceso del revelado del enigma en el alma individual era tan importante como la resolución y completamente necesario para llegar a la correcta maduración del entendimiento.

Pernety se da a la tarea de demostrar que los filósofos que conforman el “gremio de los alquimistas” no eran lunáticos dispares sino que, dentro de la infinidad de nombres y descripciones con los que se referían a su obra, existía una unidad en el sentido más profundo, una misma dirección, una misma ética (lejos de la búsqueda del oro material), una verdadera cofradía del espíritu. Su lenguaje es coherente y congruente y es accesible a todo aquel que esté dispuesto a entregarse al arte, con mente y corazón abiertos (el lector de textos alquímicos debe tener algo de lector de poesía y algo de lector de novelas detectivescas). Al final tal exuberancia verbal, tal profusión metafórica, tal intensidad hermenéutica no es más que reflejo del gran dogma de su arte: que todas las cosas son una sola, la materia está impregnada del espíritu y que todos los metales, vegetales o animales tienen una vocación inexorable hacia el oro (la perfección). Utilizar mil nombres para llamar a la Única cosa es consistente con la realidad del universo, según la visión hermética, que es siempre unidad dentro de la diversidad. En este sentido, este diccionario es como la cola del pavo real que nos permite observar todos los colores de una misma luz.

El “fruto intelectual”, por así decirlo, de estudiar de manera comparativa la alquimia –esta ciencia hija del Sol y la Luna– es el entendimiento de que el cosmos de los alquimistas está ordenado por la analogía y las correspondencias, en un tejido que no es nunca arbitrario y fortuito; las conexión son simbólicas, poéticas y operativas. Como ocurre en el cielo o como ocurre en el desarrollo embrionario –por el milagro de la Única cosa– ocurre también en el laboratorio, que es la torre filosófica en la que se adora al rey del universo repitiendo su obra. Estos tres principios, esta trinidad de equivalencias, se ejemplifica en el Mercurio: es un planeta en el cielo, es un metal en el laboratorio (y un principio arquetípico del cosmos) y un hombre y una divinidad, Mercurio o Hermes (el Tres Veces Grande). Entramos aquí a la región de la “divina coincidencia”.

Compartimos una pequeña muestra de las entradas del libro en las que se hace manifiesto que no es  sólo para los practicantes, tiene un valor poético también para un público más amplio.

Corazón: Algunos químicos han dado este nombre al fuego, otros al oro cuando han hablado de metales.

Melancolía: Significa la putrefacción de la materia. Los filósofos también llaman a esta operación “calcinación”, “incineración” y “pregnación”. Se ha dado este nombre a la materia al negro sin duda porque el color negro tiene algo de triste y porque el humor del cuerpo humano, llamado melancolía, está considerada como una bilis negra y recocida causa de los vapores tristes y lúgubres.

Oro de los filósofos: Cuando dicen “tomad el oro” no quieren decir el oro vulgar, sino la materia fija de la obra en la que su oro vivo está oculto y como aprisionado…

León verde: Materia que los Filósofos químicos emplean para hacer el magisterio de los Sabios; ciertamente es una materia mineral tomada del reino mineral. Es la base de todos los menstruos de los que han hablado los filósofos; es de esta materia que ellos han compuesto su disolvente universal, al que, a continuación, han aguado con las esencias vegetales pata hacer el menstruo vegetal, con esenciales animales para hacer el menstruo vegetal y con esencias mineralas para hacer el menstruo mineral… [Se llama así según el alquimista Ripley] “porque el mercurio que se extrae de esta materia destruye todos los cuerpos y los hace parecidos a sí mismo, como hace el León con los otros animales”… “es por él que todo crece y reverdece en la naturaleza”.

El Diccionario Mito-Hermético ha sido publicado por Índigo en España y Sincronía Encuentros en México.

Twitter del autor: @alepholo

Enseñanzas budistas para lidiar con todo tipo de demonios y apariciones

El budismo tiene una visión muy práctica para lidiar con demonios y apariciones que pueden estar perturbándote.

nirvana

El universo budista, particularmente el universo del budismo tántrico, está poblado no sólo de budas y bodhisattvas, sino de toda una vasta serie de deidades y demonios. Sin embargo, a diferencia de religiones teístas en las que estas entidades tienen una existencia absoluta e independiente, en el budismo se ven estas deidades como co-emergentes, en relación siempre a la mente. Dice Thinley Norbu Rinpoche en su clásico White Sail: “Mientras que no creamos en nuestra propia naturaleza búdica, las proyecciones de la mente ordinaria de demonios y dioses seguirán ocurriendo, y creeremos que tienen una realidad objetiva y separada”. En este sentido la naturaleza búdica es igual a la no-dualidad, a la conciencia primordial que reconoce todo lo que ocurre de manera integrada a su propia mente. “De la misma manera que un espejo límpido nos regresa nuestra propia imagen, aquel que ofrece, aquel que acepta el ofrecimiento y aquello que es ofrecido no son diferentes. Es por esto que se dice que la sabiduría es el despliegue de la sabiduría”.

Thinley Norbu explica que las apariciones, circunstancias aparentemente objetivas, de demonios o de energía negativa que es reificada como una entidad sobrenatural son proyecciones kármicas de hábitos negativos que hemos apilado por numerosas vidas. Las personas que producen este tipo de fenómenos “sienten que estos demonios los están intentando lastimar y luego buscan detenerlos, escaparse de ellos o exorcizarlos. Al  no reconocer su propia naturaleza búdica, no ven que estos demonios son creados por su propia mente y son reflejados de regreso a ellos”. Una lectura no dual, fincada en el vajrayana, del famoso episodio de la iluminación de Buda enfrentando al demonio Mara, nos diría que Mara es sólo un aspecto de la mente que se desdobla como una entidad independiente al no reconocer su propia budeidad, pero que una vez que se reconoce la no-dualidad, Mara se desvanece o pierde su poder. Uno se puede sentar tranquilamente a conversar con Mara, con los propios demonios.

Algo similar sucede también con fenómenos positivos que llaman “dioses supernaturales particulares”, los cuales son resultado de hábitos positivos de proyecciones de múltiples vidas, según Thinley Norbu. Igualmente “al no reconocer su propia naturaleza búdica, no ven que estos dioses y diosas son creados por su propia mente y son reflejados de regreso a ellos”. El extremo del eternalismo, que cree en la existencia de dioses eternos separados de la propia mente, luego culpa a estos dioses cuando no logra explicar circunstancias negativas que los afligen y entonces abandona a estos dioses. “Según el budismo, la negatividad no es creada por los dioses… se culpa a los dioses porque se cree que los dioses son creadores. Sin embargo, el pensamiento de que los dioses son creadores viene del creador que es la propia mente. Estas personas creen que el creador objetivo traicionó al creador subjetivo, porque creen que sus dioses los han creado a ellos ya sus circunstancias y así los hacen torturado y castigado. Pero abandonar a dios es solo el creador subjetivo traicionando al creador objetivo”. Esta es la ilusión fundamental de la dualidad que reifica los fenómenos como objetos separados en torno a un sujeto; para el budismo vajrayana no existe tal dualidad, todo lo que experimentamos es resultado de nuestra propia mente, incluyendo dioses y demonios.

inicio

Es importante aclarar que el budismo no dice que los demonios y los dioses no existan, sino que estos sólo existen como nuestras propias proyecciones, resultado de nuestros hábitos, de nuestro karma. Pero en esto no son distintos al mundo material, a la realidad convencional que experimentamos diariamente, la cual también surge de nuestro karma, del substrato de nuestra mente; ni los dioses y demonios, ni las cosas que vemos a nuestro alrededor tienen una existencia absoluta, son sólo relativos y co-emergentes.

Podemos ver la existencia del mal como resultado solamente de nuestra ignorancia de nuestra condición original, que es la naturaleza búdica. Como explica Thinley Norbu: “las apariencias dualistas se convierten en una forma de demonio”. Aquello que en Occidente hemos reificado y llamado “el diablo” no es más que una proyección de nuestra percepción oscurecida por hábitos dualistas que pueden continuar por incontables vidas.

Siempre existe el mal causado por la energía dualista del ego. Al olvidar que todas las proyecciones, reacciones y contraproyecciones tienen su raíz en el ego, el mal parece proceder de afuera de nosotros de múltiples formas y sonidos. En realidad, el mal sólo aparenta tener una independencia externa, esto es debido a que uno olvida lo que el propio ego demoniaco ha creado al construir malos hábitos por muchas vidas, no reconociendo las propias proyecciones.

En el tantra budista (vajrayana, sendero del diamante) se busca establecer una visión pura, esto es ver desde la perspectiva de un Buda. Se toma el fruto del sendero, el Buda que inevitablemente nos aguarda, el resultado de la práctica, como realidad actual. Este es el acto supremo de la imaginación divina. Se dice en el vajrayana que todos los fenómenos son transformados en deidad. Según las enseñanzas del vajrayana la naturaleza búdica es llamada deidad de sabiduría nacida inherentemente. Esto es porque aunque los seres momentáneamente se ven oscurecidos por la mente ordinaria y no la reconocen, la deidad está dentro de la mente y en ningún otro lugar”, dice el maestro Thinley Norbu.

Existen diversas prácticas tántricas para lidiar expresamente con “demonios” entre ellas el chöd, y por supuesto el tantra esencialmente utiliza la visualización de deidades como cultivo de energía positiva en su transformación alquímica espiritual. Para concluir podemos decir que una forma para lidiar con demonios, apariciones y demás entidades es simplemente preguntándonos por su naturaleza, por su origen, de manera atenta sin fusionarnos cognitivamente con ellos. Entonces, según el budismo tántrico, reconoceremos que no tienen existencia independiente de nuestra mente, están vacías. Ocurre algo similar a cuando somos capaces de preguntarnos en un sueño si estamos soñando: al hacerlo lúcido todo asomo de terror se desvanece, ya que reconocemos que todo viene de nosotros.

Twitter del autor: @alepholo
Fuente: pijamasurf.com

4 pasos para interpretar tus sueños de acuerdo con los métodos de Carl Jung

No sólo se trata de identificar arquetipos, también es necesario saber qué significan para el soñador.

https://i2.wp.com/www.saludypsicologia.com/img/thumbs/287577acc2d073bc12f3854231946609.jpg

Los sueños han intrigado a los humanos durante generaciones. Ciertas civilizaciones antiguas concebían que los mundos oníricos y nuestras experiencias en ellos eran parte de nuestra conexión con el mundo espiritual. Posteriormente la manera en que las personas consideran sus sueños fue modificándose, pero aún nos levantamos de vez en cuando con el deseo de saber qué significa lo que hemos experimentado tan vívidamente mientras que nuestro cuerpo yacía despatarrado en la cama. En este sentido, los métodos de interpretación de sueños creados por Carl Jung son bastante sencillos y no requieren que seas un erudito en mitología o arquetipos.

Analizar nuestros sueños de esta manera puede resultar una herramienta útil de autoexploración, ya que para hacerlo sólo se necesita tener deseo de cuestionarse a uno mismo y estar dispuesto a llevar una bitácora al respecto, pues nuestra mente inconsciente nos habla en un lenguaje de símbolos, de tal manera que podemos descifrar los vericuetos de nuestros dramas internos al revisar lo que el inconsciente nos está proyectando. Hacerlo implica decodificar los símbolos del inconsciente y para hacerlo se pueden seguir cuatro pasos básicos:

dream-double

1. Hacer asociaciones relacionadas con los símbolos del sueño

Escribe cada una de las imágenes o elementos del sueño; por ejemplo: zapatos azules, gato blanco, casa de la abuela. Luego escribe qué asociaciones surgen en tu mente con respecto a cada uno de estos elementos. Estas asociaciones son especiales para cada persona porque mientras que para unos soñar con cruzar un puente puede indicar una travesía emocionante o el final de una etapa difícil para otros podría ser un camino inseguro donde emerge su pánico a las alturas. Las asociaciones correctas para cada elemento son aquellas que sientes como tales; puede ser que tengas tres o cinco para una imagen, pero una de ellas es la que realmente causa una reacción en ti y descubres que tiene sentido. No sólo se trata de reconocer arquetipos sino de descubrir qué significado tienen en tu vida.

2. Conectar las imágenes del sueño con aspectos internos del ser

Gracias a las asociaciones del primer paso puedes empezar a identificar a qué parte de tu ser corresponde cada elemento. A veces vemos a ciertas personas en nuestros sueños como amigos, parejas o familiares y por lo tanto sería fácil asumir que el sueño se relaciona con estas personas. Sin embargo, esto no es siempre atinado; a veces vemos a una persona que no conocemos pero en el sueño sabemos quién es, por ejemplo una guía o un hermano. En otras ocasiones estas personas que vemos son en realidad un símbolo para quien sueña, representando una cualidad, acción, estado emocional o concepto, pues el subconsciente suele tomar imágenes de las situaciones del mundo de la vigilia para simbolizar algo que le pasa al soñador.

3. Elige la interpretación correcta

Este paso implica preguntarte cosas con respecto al mensaje que el sueño intenta comunicar. Lo mejor es escribir una lista de opciones. Una vez hecho esto lo que sigue es escoger una. Si tienes problemas hay ciertos parámetros que pueden servirte de guía. Elige una interpretación que te muestre algo que no sabías. Evita las interpretaciones que nada más estén adulando o complaciendo a tu ego. Descarta las interpretaciones que te quiten responsabilidad sobre el asunto, ya que esto generalmente es simple evasión.

4. Ancla el nuevo conocimiento con un ritual

Para integrar la experiencia del sueño a tu vida en el tiempo de vigilia es importante que realices un ritual, pues esta es la forma simbólica de traer la información del subconsciente a la mente consciente anclándola en en el mundo físico. Las acciones rituales no tienen que ser complejas ni incluir velas, símbolos y oraciones. Pueden ser cosas tan sencillas como escribirle a alguien o pasar a hacerle una visita; el punto es realizar una acción que indique la comprensión del mensaje.

Fuente: pijamasurf.com