4 pasos para interpretar tus sueños de acuerdo con los métodos de Carl Jung

No sólo se trata de identificar arquetipos, también es necesario saber qué significan para el soñador.

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Los sueños han intrigado a los humanos durante generaciones. Ciertas civilizaciones antiguas concebían que los mundos oníricos y nuestras experiencias en ellos eran parte de nuestra conexión con el mundo espiritual. Posteriormente la manera en que las personas consideran sus sueños fue modificándose, pero aún nos levantamos de vez en cuando con el deseo de saber qué significa lo que hemos experimentado tan vívidamente mientras que nuestro cuerpo yacía despatarrado en la cama. En este sentido, los métodos de interpretación de sueños creados por Carl Jung son bastante sencillos y no requieren que seas un erudito en mitología o arquetipos.

Analizar nuestros sueños de esta manera puede resultar una herramienta útil de autoexploración, ya que para hacerlo sólo se necesita tener deseo de cuestionarse a uno mismo y estar dispuesto a llevar una bitácora al respecto, pues nuestra mente inconsciente nos habla en un lenguaje de símbolos, de tal manera que podemos descifrar los vericuetos de nuestros dramas internos al revisar lo que el inconsciente nos está proyectando. Hacerlo implica decodificar los símbolos del inconsciente y para hacerlo se pueden seguir cuatro pasos básicos:

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1. Hacer asociaciones relacionadas con los símbolos del sueño

Escribe cada una de las imágenes o elementos del sueño; por ejemplo: zapatos azules, gato blanco, casa de la abuela. Luego escribe qué asociaciones surgen en tu mente con respecto a cada uno de estos elementos. Estas asociaciones son especiales para cada persona porque mientras que para unos soñar con cruzar un puente puede indicar una travesía emocionante o el final de una etapa difícil para otros podría ser un camino inseguro donde emerge su pánico a las alturas. Las asociaciones correctas para cada elemento son aquellas que sientes como tales; puede ser que tengas tres o cinco para una imagen, pero una de ellas es la que realmente causa una reacción en ti y descubres que tiene sentido. No sólo se trata de reconocer arquetipos sino de descubrir qué significado tienen en tu vida.

2. Conectar las imágenes del sueño con aspectos internos del ser

Gracias a las asociaciones del primer paso puedes empezar a identificar a qué parte de tu ser corresponde cada elemento. A veces vemos a ciertas personas en nuestros sueños como amigos, parejas o familiares y por lo tanto sería fácil asumir que el sueño se relaciona con estas personas. Sin embargo, esto no es siempre atinado; a veces vemos a una persona que no conocemos pero en el sueño sabemos quién es, por ejemplo una guía o un hermano. En otras ocasiones estas personas que vemos son en realidad un símbolo para quien sueña, representando una cualidad, acción, estado emocional o concepto, pues el subconsciente suele tomar imágenes de las situaciones del mundo de la vigilia para simbolizar algo que le pasa al soñador.

3. Elige la interpretación correcta

Este paso implica preguntarte cosas con respecto al mensaje que el sueño intenta comunicar. Lo mejor es escribir una lista de opciones. Una vez hecho esto lo que sigue es escoger una. Si tienes problemas hay ciertos parámetros que pueden servirte de guía. Elige una interpretación que te muestre algo que no sabías. Evita las interpretaciones que nada más estén adulando o complaciendo a tu ego. Descarta las interpretaciones que te quiten responsabilidad sobre el asunto, ya que esto generalmente es simple evasión.

4. Ancla el nuevo conocimiento con un ritual

Para integrar la experiencia del sueño a tu vida en el tiempo de vigilia es importante que realices un ritual, pues esta es la forma simbólica de traer la información del subconsciente a la mente consciente anclándola en en el mundo físico. Las acciones rituales no tienen que ser complejas ni incluir velas, símbolos y oraciones. Pueden ser cosas tan sencillas como escribirle a alguien o pasar a hacerle una visita; el punto es realizar una acción que indique la comprensión del mensaje.

Fuente: pijamasurf.com

Caminar sin rumbo, un arte en peligro de extinción

Caminar a la deriva podría considerarse hoy como un fino arte de subversión que debiéramos preservar para beneficio de nuestra especie.

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Por diversas razones que quizá incluyan al azar, al destino y a la torpeza colectiva, hoy vivimos una realidad un tanto frenética. Si bien el actual escenario tiene innumerables bondades, existen ciertos aspectos de él que nos sugieren desaciertos importantes. La productividad, la rapidez y la funcionalidad, son solo algunas de las características que hemos privilegiado culturalmente, con el suficiente exceso como para dar lugar a estilos de vida marcados por el estrés, la frivolidad y la automatización de procesos que antes enriquecían, de manera deleitante, nuestra existencia –por ejemplo los traslados.

Dentro de este modelo que aspira a la síntesis funcional y acelerada de la vida, uno de los actos en esencia subversivos es el de caminar a la deriva. Caminar podría traducirse como el no tener la solvencia económica para moverte de otra forma (una afrenta contra la ‘evolución financiera’ de la especie), no tener prisa para llegar a tu destino (un insulto contra la noción de producir y ser eficiente) y, evidentemente,  remite a un medio de transporte que está lejos de la funcionalidad del automóvil, la practicidad del transporte público o el coolness de la bicicleta. En cuanto a la otra variable, el “sin destino”, se trata de un franco agravio contra todos estos valores culturales, tan radical que incluso podría calificar como un absurdo.

Caminar es sin duda una de las mejores rutas para revertir la auto-percepción fragmentada. Si bien nos enseñaron que nuestro cuerpo está separado de nuestra mente, nosotros del paisaje, y este del todo, algo muy especial ocurre mientras caminamos: las barreras culturales se van diluyendo rítmicamente hasta fundirse, y entonces el músculo de tu pierna es a la vez los árboles que, estáticos, te acompañan, y tus pensamientos se condensan en la sombra de tus pasos. “Caminar es una forma de reclamar el mundo. Atenta contra la velocidad del pensamiento, contra la inercia de los días y la separación tajante entre el cuerpo y la razón, que sufre tanto hoy en día.”, dice Lucia Ortiz Monasterio en su texto “Sobre salir a caminar”. Y es que caminando nos auto-reafirmamos pero no como seres aislados, sino como engranes de un ritmo que nos trasciende y, proporcionalmente, nos aligera.

nicolavilla_walking_r3El ir “a la deriva” se perfila como una actividad existencialmente estética, que privilegia la espontaneidad sobre el programa y que descarta orígenes y destinos –pues prefiere disolverlos para formar un solo cuerpo, el trayecto. Así que de acuerdo a las dos variables que confluyen en esta actividad, el caminar sin rumbo no solo encarna una especie de manifiesto anti-geográfico y anti-temporal, también se desliga de múltiples exigencias socioculturales que atentan contra nuestra calidad de vida.

Lamentablemente, hoy existen pocos estímulos y muchas dificultades para el “caminante a la deriva”, tales como obligaciones laborales que no admiten alteraciones en la agenda o pseudo-planificaciones urbanas que hacen cada vez menos caminables algunas ciudades, etc. Además, la noción de hacer algo por el simple hecho de hacerlo, sin expectativas o planes de por medio, se califica como una pérdida de tiempo o, en el mejor de los casos, como una actividad ‘poco rentable’. Esto nos lleva a que, por ejemplo, si bien en el Reino Unido prácticamente todos los habitantes aseguran caminar al menos distancias cortas en su vida diaria, solo el 17% admita que, lejos de toda praxis, camina por el simple gusto de hacerlo (y este sector incluye a aquellos que lo hacen paseando a sus perros).

En medio de este contexto poco amigable con las caminatas azarosas, un arte que ya solo practican vagabundos, fantasmas, y unos cuantos rebeldes, emerge ese llamado a remar contra la corriente, a valorar el placer implícito en el ejercicio de la ‘contraculturalidad’ y la oportunidad de reafirmarnos como potenciales amigos del caos original. No descartemos que la veta más genuina de la subversión se manifieste hoy en esta práctica.

Y tú ¿cuándo fue la última vez que saliste a caminar por el simple gusto de hacerlo y sin un pretexto práctico de por medio? ¿hace cuánto que no opones resistencia a la fusión original entre movilidad y azar? ¿sabías que el único destino posible es el camino?

Twitter del autor: @ParadoxeParadis 

El sueño lúcido como una poderosa herramienta soteriológica y política

La práctica del sueño lúcido es un acto político que permite liberar el territorio de la mente.

El primer territorio a liberar es nuestra mente.

Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Inevitablemente embarrados del pesimismo y del lavado de cerebro mediático que padecemos gran parte de la población humana, palabras como “revolucionario soñador”, “sueños de libertad”, “soñar despierto”, etc., rara vez provocan en muchos de nosotros poco más que hastío, frustración y risa; no obstante, queriéndonos curar de la obviedad de la habladuría popular, es oportuno que repensemos y revigoricemos la importancia que el sueño lúcido tiene como herramienta, además de soteriológica, política.

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Innumerables activistas y pensadores que reivindican los derechos humanos no han necesitado probar la abrumadora libertad que otorga el soñar lúcidamente para reclamar la libertad colectiva en la vigilia (pues cuando la opresión colectiva es demasiada, los motivos sobran para que la insumisión se imponga), sin embargo, es probable que, debido a ello, hayan pasado por alto una potente herramienta libertadora que podría sernos de utilidad a muchos que no conocemos la emancipación externa e interna. Ya verán los lectores qué queremos decir con el siguiente ejercicio mental: imaginémonos en una situación crítica en donde tenemos el deber de cumplir determinada ocupación, la más apremiante que nos podamos imaginar (la que quiera el leyente, puede ser desde el deseo de lavarse las manos por un trauma obsesivo compulsivo hasta evitar una eyección de armas nucleares por parte de algún psicópata gobierno, depende de lo que nos apure de ordinario, claro), pero de pronto sucede algo en nosotros o en el “exterior” que nos hace caer en la cuenta de que estamos soñando y que, a pesar del gran apuro por completar nuestra tarea, de nada servirá lograrla porque estamos soñando, y los sueños, sueños son.

Lo que los soñadores lúcidos suelen experimentar en este instante en que se dan cuenta de que no tiene importancia lo que hagan o no hagan, porque sueñan, es la libertad en sí, o, lo que es lo mismo y escribiendo como sartreanos, el hombre se realiza como tal, pues el hombre es libertad. Este momento de sublime maravilla en que, en un sueño lúcido, el humano se percibe como pura potencialidad libre (como una “nada”, diría Jean-Paul Sartre –si bien para Sartre no eran posibles los sueños lúcidos), cuando sabe que los límites de su capacidad de acción son directamente proporcionales a los límites de su acción mental, suele conmover demasiado al soñador, a grado tal que se despierta de la emoción y de nuevo se encuentra en la vigilia (pero ese no es problema porque, con práctica, serenidad y paciencia, la experiencia lúcida onírica puede extenderse tanto como se desee).

Así pues, admirables practicantes del yoga del sueño (práctica en la que soñar lúcidamente es el fundamento), tales como el propio XIV Dalái Lama, Chögyal Namkhai Norbu, Tenzin Wangyal Rinpoche, Allan Wallace, Michael Katz, Stephen Laberge, etc., enfatizan que la finalidad de la práctica es adquirir la sabiduría de que, no importando si estamos dormidos o despiertos, todo el despliegue interminable de experiencias que se manifiestan en nuestro continuo mental es una ilusión transitoria, es decir, el objetivo es trasladar la visión de que lo que vivimos en la vigilia es tan irreal como lo que vivimos en un sueño.

Ahora, referido lo anterior, ¿qué repercusión política puede tener la libertad descubierta por el soñador lúcido? Que también se reconozca libre en la vigilia, que descubra que el estado, las leyes, las modas, las culturas, los ídolos, etc., no son más que meras sugerencias y que nadie tiene potestad para reprimir su elección, misma que siempre debe ser ejercida (por lo menos en la vigilia –ya que no nos vamos a meter ahora con la ética onírica) respetando siempre los derechos humanos (y hasta derechos de los no humanos). En los sueños lúcidos aún podemos visitar ese territorio libre, alegre y rebelde al que ni siquiera la intromisión represora de los gobiernos puede acceder (como sí lo hace ya con todas nuestras cuentas virtuales). Los sueños lúcidos pueden regalarnos la sabiduría de ese fruto prohibido que es el libre albedrío y que, contrario a la interpretación bíblica tradicional, seguramente no nos expulsará del paraíso, al contrario, nos devolverá a él, pues esa libertad nos permitirá ayudar a construir ese mundo en donde caben muchos mundos.

Lecturas recomendadas

Dalái Lama, F. V. (2009). Dormir, soñar y morir: una exploración de la consciencia. 

Holecek, A, S.L. (2016). Dream Yoga: Illuminating Your Life through Lucid Dreaming and the Tibetan Yogas of Sleep.

Katz, M. (2011) Tibetan Dream Yoga: The Royal Road to enlightenment

Norbu, C.N. (2002). Dream Yoga and the Practice of Natural Light.

Wallace, A. (2012) Dreaming Yourself Awake: Lucid Dreaming and Tibetan Dream Yoga for Insight and Transformation. 

Wangyal, T. (1998). The Tibetan Yogas of Dream and Sleep.

Fuente: pijamasurf.com

La física muestra que cada punto (y cada persona) es el centro del universo

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Realmente eres el centro del universo.

Según la versión manejada comúnmente por la ciencia, el Universo “comenzó” con una gran explosión, o Big Bang, hace unos 13.8 mil millones de años. Esta explosión, sin embargo, no es una explosión típica, ya que no ocurrió en el espacio, sino que fue la expansión misma del espacio.

Edwin Hubble observó que las galaxias se están expandiendo en la banda de la luz roja del espectro electromagnético. Esto significa que en todas partes el espacio se está alejando de todo lo demás a la misma velocidad. Esto puede observarse estudiando la radiación de fondo —que es lo que hace pensar a los científicos que el universo tuvo un momento de expansión inicial, ya que el Big Bang como tal no ha sido observado—la cual se expande uniformemente hacia todas las direcciones: la luz del Big Bang llena el cielo en todas las direcciones.

Si pensamos que el universo en un principio fue un sólo punto, y nos preguntamos ¿dónde fue eso? Debemos de contestar que ese punto fue y está en todas partes. El Big Bang ocurrió literalmente en todas partes y esta misma irradiación es el lugar donde estás. Esto hace que en realidad, cuando nos preguntamos por el centro del universo debamos de responder que el centro del universo es aquí.

La teoría de la relatividad de Einstein cambió la forma en la que concebimos el tiempo y el espacio, que solían ser considerados como absolutos dentro de la física clásica. Hoy sabemos que el tiempo y el espacio son relativo y forman un compuesto tiempo-espacio. El lugar de lo absoluto en la física de Einstein lo tiene la luz.

Dennis Overbye, editor de ciencia del New York Times, explica:

Cuando en 1905, Albert Einstein unió espacio y tiempo en su teoría de la relatividad, nos enseñó que nuestros ojos son máquinas del tiempo. Nada puede ir más rápido que la velocidad de la luz, el límite de velocidad cósmico, así que toda la información llega a nosotros, al presente, desde el pasado.

De esta manera, la relatividad de Einstein nos enseña que el centro del universo está en todas partes y en ninguna. Es el presente, rodeado por capas concéntricas de pasado. Es la historia llegando a ti a 299.792.458 metros por segundo, a la velocidad de la luz, a la velocidad de toda la información. Tus ojos son la cabina de mando de una máquina del tiempo, esferas húmedas y veladas que ven en la única dirección en que podemos hacerlo: hacia atrás.

Por otra parte, es posible que el universo sea infinito (los físicos aún debaten esto), de serlo es evidente que cualquier punto podría considerarse como el centro del universo o, según como se vea, que en realidad el universo no tiene ningún centro. Sin embargo, la otra gran relatividad, que es la de la conciencia, sugiere que el cento del universo es el punto donde ocurre la percepción: el mundo se despliega en función a ese punto, al presente, en el cual se realiza una observación —esta es la relatividad entre el observador y el universo observado. Para que toda observación o experiencia ocurra es necesario que exista una conciencia que interpreta la luz y procesa información. El físico David Bohm explica el proceso de la percepción desde su visión de la realidad como un holograma: “Toda la luz en esta habitación entra de tal forma que la totalidad de la habitación está en efecto envuelta en cada parte. Si tu ojo ve, la luz entonces se desenvolverá en tus ojos y en tu cerebro. Al ver en un telescopio o en una cámara, la totalidad del universo y el espacio tiempo está envuelta en cada parte, y esto se desenvuelve al ojo”. De nuevo Overbye:

No es solo poesía. Matemáticamente, en términos de Einstein, toda la información y la historia disponibles en cualquier lugar del universo se conocen como un cono de luz. Todos tenemos uno y el de cada quien es un poco diferente, lo cual significa que el universo de cada uno es ligeramente distinto.

Para concluir, puede ser interesante para el lector notar que esta idea de que el universo es infinito y que su centro es ubicuo (o está en todas partes) es en realidad una nueva versión de una intuición mística que reaparece cada tanto, basada en la noción de que la esfera es la forma perfecta, la expresión geométrica de la divinidad (en una esfera cada punto sería el centro). Según Borges, “quizás la historia universal es la historia de unas cuantas metáforas” (y esta es una de ellas, el punto de un eterno retorno). En su ensayo sobre La Esfera de Pascal, Borges data el origen de esta metáfora así:

En el Asclepio, que también se atribuyó Hermes Trismegisto, el teólogo francés Alain de Lille -Alanus de Insulis- descubrió a fines del siglo Xll esta fórmula, que las edades venideras no olvidarían: “Dios es una esfera inteligible, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”.

Ya más cerca de una mentalidad científica, Pascal la reformuló así: “La naturaleza es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.” Borges recopila diversas versiones y alteraciones de esta metáfora nuclear en su ensayo y él mismo contribuyó a esta ilustre lista con su “Aleph” (una esfera tornasol en la cual estaba contenido el universo entero), pero no menciona la que quizás sea la más relevante a la luz de la relatividad cosmológica moderna. En el Talmud se cuenta la historia del intercambio entre los llamados sabios de Atenas y el rabino Joshua. David Chaim Smith nos da una versión cabalística de la historia en su libro The Kabbalistic Mirror of Genesis:

En el Talmud, los sabios de Atenas (que representan el pensamiento lineal) le preguntan a los rabinos: “¿Dónde está el centro del universo? Un rabino apunta el dedo al azar y dice: ”aquí”. Esto implica que el punto del centro-corazón es omnipresente, porque el punto de la inicialidad [del universo] reside en todas partes de igual manera; por lo cual debe ser “aquí”. Luego los atenienses le preguntaron a los rabinos: Como saben esto? A lo que respondieron. “Traigan una cuerda y lo mediremos”.

Chaim Smith explica que la historia sugiere que la relatividad de todas las cosas está sustentada en que “La extensión infinita del espacio está repleta de la potencia de la gota primordial”, este es el punto del absoluto que es representado a veces como una vocal (como el Aleph o el Om, la letra o sonido que anima a todas las demás) o como una gota o célula madre de potencialidad infinita (thigle o bindu). En términos más modernos diríamos que cada punto contiene una energía infinita o casi infinita (energía del punto cero) de la cual se pueden manifestar todos los fenómenos posibles.

El maestro de meditación budista y físico Alan Wallace ha dicho que hay un universo para cada uno de nosotros, pero sin que esto sea solipsismo –todos estamos en el centro de nuestro universo, el universo que experimentamos es relativo a nuestra perspectiva, pero nuestros universos están entrelazados.

Twitter del autor: @alepholo

La sutil pero significativa diferencia que hace que percibamos el mundo como nirvana o que nos mantengamos encadenados al ciclo de sufrimiento del samsara

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El poeta John Milton escribió en su Paraíso Perdido: “La mente es su propio lugar, y puede en sí misma / hacer un cielo del infierno, y un infierno del cielo”. La frase sugiere que la realidad de nuestra experiencia está en nuestra conciencia. E incluso las delicias de los mundos superiores y las torturas de los mundos inferiores son autoinfligidas. El paraíso, más que un mundo ulterior, es una facultad de la percepción.

El nirvana y el samsara no son del todo equivalentes al cielo y al infierno, pero de todas maneras la frase de Milton hace sentido dentro de la filosofía budista. El samsara en realidad abarca desde los infiernos a los planos divinos sin forma donde los dioses viven en un trance extático que puede durar eones, pero que, sin embargo, no es el nirvana, no es la extinción del deseo y la liberación propia de la “budeidad”. Según el budismo, incluso los dioses están sujetos al karma y al ciclo de muerte y renacimiento. La razón por la que estamos sujetos a esta rueda que por definición conlleva sufrimiento (dioses, humanos, fantasmas hambrientos, animales, etcétera) tiene que ver fundamentalmente con la ignorancia. Ignorancia en gran medida de lo que Milton atisbó en la frase citada: la realidad que experimentamos está determinada por nuestra mente y las condiciones que hemos instalado en nuestra percepción. El Buda lo dijo en el Dhammapada:

Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos.

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Con nuestros pensamientos construimos el mundo.
Habla o actúa con mente impura y los problemas te seguirán como sigue la carreta al buey ensimismado.

En estas pocas líneas se encuentra la esencia del dharma, versos que son hologramas de todo el sutrayana. Una filosofía ética extrapolable a todo tipo de circunstancia, que tiene el gran sello del Buda, quien no sólo es un lúcido moralista, sino un penetrante psicólogo (¡cosas que vienen por descontado cuando se alcanza la omnisciencia!). Partiendo de esta base, que es un conocimiento profundo de la mente, con el que se revela que nuestros pensamientos y las intenciones que los informan son los ladrillos, por así decirlo, del mundo que experimentamos, podemos explicar la diferencia entre el nirvana y el samsara. De una manera muy sencilla, la diferencia entre el nirvana y el samsara es la sabiduría (nirvana) y la ignorancia (samsara) de la naturaleza de nuestra mente, es decir, saber o no saber que son la cualidades de nuestro pensamiento y las consecuencias de los mismos las que determinan la cualidad de nuestra experiencia, esto es, nirvana o samsara.

Todo el plano del samsara, en su infinito girar, surge de la ignorancia, según explica el budismo con la noción de la “originación” dependiente. Es a partir de la ignorancia que se generan los deseos que serán el combustible que mantiene corriendo todo este multiverso samsárico, el cual es descrito por el Buda como poseído por un fuego que todo lo consume. El nirvana es justamente la extinción de este fuego ilusorio que viene de los seis campos sensoriales. ¿Qué es lo que ignoramos que mantiene al mundo ardiendo? En gran medida es desconocer que perseguir los deseos (producidos por las impresiones sensoriales) sólo trae sufrimiento ya que las cosas en este mundo, ondenadas a consumirse por este fuego espectral, son todas impermanentes. “El único placer es acabar con el deseo”, dice el Buda en el Dhammapada.

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Otra forma de explicar esta ignorancia que produce el samsara es desde la naturaleza misma de la percepción, investigando la raíz misma desde la cual surgen los objetos que conforman el samsara y que perseguimos fantasmagóricamente o, utilizando una metáfora tradicional, como venados tratando de saciar su sed con el agua de un espejismo y, una más moderna, como galgos en una carrera correteando un conejo de metal. El budismo, particularmente algunas escuelas tibetanas que han analizado minuciosamente la dualidad de la percepción, sostiene que es un error perceptual concebir el mundo como dividido en sujetos que perciben objetos. En realidad (se dice en los textos budistas) no existe más que la vacuidad que es igual a la mente y de la cual todo surge como una aparición mágica, un arco iris, una burbuja, etcétera. El deseo que alimenta el samsara, al buscar aprehender sensaciones y poseer objetos, es el resultado de este estado de percepción dualista que predomina en el mundo que experimentamos comúnmente. Simplemente, si no hubiera objetos que surgieran en nuestro campo de percepción como separados, sólidos y estables, no se echaría andar este proceso de perseguir sensaciones, buscar saciar inútilmente el deseo que producen e identificarnos con un yo individual que, al estar separado de los objetos que desea y los cuales además son efímeros, necesariamente se enfila al sufrimiento. Es esta ignorancia (separar el sujeto del objeto, la mente del cuerpo, el hombre de la naturaleza, etc.) la raíz del sufrimiento que genera la ilusión (de tomar las cosas como reales, sólidas, separadas, etc.) y del mismo karma que se produce cuando la acción es enardecida por la volición o el deseo de la mente, así avivando las llamas del samsara.

El estado de no dualidad perceptual, que reconoce que todas las cosas son la unidad de la vacuidad y la mente (o también del espacio y la luz que se desdobla como todos los fenómenos) es descrito de diversas formas por el budismo tibetano, pero uno de los términos más utilizados, particularmente por el dzogchen, es rigpa, una palabra muy difícil de traducir, pero que tiene esencialmente una connotación de una percepción no dual o

cognosción prístina (primordial, natural, desnuda, intrínseca etcétera). Rigpa es análoga a la palabra sánscrita vidhya, que significa conocimiento o claridad. Se habla entonces en el budismo tibetano de los vidhyadara o los rigdzin, quienes son los que han logrado estabilidad en este estado de conocimiento no dual (es decir, que habitan en rigpa).

El traductor y practicante del dzogchen John Myrdhin Reynolds, en su comentario a su traducción del texto Self Liberation Through Seeing with Naked Awareness, donde el gran maestro Padmasambhava introduce al estado natural de la mente (rigpa), hace una importante anotación que permite recapitular lo que hemos mencionado anteriormente.

¿Qué es la ignorancia? Es no saber cuál es nuestra condición, nuestro Estado Primordial. Al no saber quién realmente somos, al no reconocer nuestra verdadera naturaleza, nos aferramos a las apariencias y las perseguimos, y así caemos atrapados otra vez en el ciclo de la transmigración. La ignorancia sólo engendra ignorancia. Nuestra liberación de este ciclo sin principio del samsara no ocurrirá de manera automática o inconsciente. Dejado a sus propios medios, el samsara no evolucionará a un climático punto Omega, ni culminará en una stasis inmutable o en un paradisíaco reino de Dios. Esto es así debido a que las causas perpetuamente generan nuevas condiciones, las cuales, a su vez, generan nuevas causas, por lo que el proceso prosigue interminablemente. El samsara no es un sistema cerrado finito; las fuentes de su energía son inagotables.

Pero, aunque el samsara no tiene principio ni final en sus propios términos, podemos

hablar de lo opuesto del samsara como el nirvana. Si el samsara significa existencia condicionada (samskrita-dharma), entonces el nirvana significa existencia incondicionada (asamskrita-dharma). Lo que se extingue al entrar a al estado de nirvana son las  mismas condiciones que determinan nuestra existencia limitada y restringida o, para ponerlo en términos más psicológicos, se extinguen las causas kármicas de nuestra particular visión kármica que determinan cómo percibimos la realidad. Si la causa del samsara en general es la ignorancia, entonces el nirvana representa el opuesto: sabiduría o gnosis. En tibetano la traducción de la palabra sánscrita avidhya que signfica ignorancia es ma rig-pa-, y por lo tanto lo opuesto de esto es rig-pa, que no es conocimiento en el sentido de saber esto o aquello, sino en el sentido de “cognosción intrínseca” [intrinsic awareness]. Es la capacidad de la mente de darse cuenta y estar presente. Este es el sentido especial del término en el contexto del dzogchen, mientras que en el tibetano suele tener el significado de “inteligencia” o “ciencia”. Es este rigpa, esta cognoscitividad intrínseca, lo cual es el tema de este texto de Guru Padmasambhava.

De lo anterior se deriva entonces que el estado de rigpa, de gnosis intrínseca, necesariamente no produce karma, está libre del deseo y por lo tanto de los compuestos y condiciones que generan las acciones. La única diferencia entre el samsara y el nirvana es este conocimiento de la propia naturaleza que necesariamente también se traduce en una forma de percepción no dual. De aquí que se diga, sin equivocarse, que en realidad samsara es nirvana. El mahasiddha del siglo VIII, Saraha, escribió en su poema tántrico Tesoro de Canciones:

 

Como es Nirvana, es Samsara.

No pienses que existe una distinción.

Sin embargo, no posee una naturaleza singular.

Lo conozco como sumamente puro.

No te sientes en casa, no vayas al bosque,

Reconoce la mente donde sea que te encuentres.

¿Cuando uno habita en la completa y perfecta iluminación,

dónde está el Samsara, donde está el Nirvana?

[…] No divagues en esta cuestión del sí mismo y del otro.

Todo es Buda sin excepción.

 

Siguiendo esta tradición de budismo no dual tenemos que el nirvana no existe en un remoto más allá, como un estado trascendente o como algo que aguarda al final de un duro camino de méritos y logros. El nirvana es la realidad pura, inmediata, sin obstrucciones u oscurecimientos. La diferencia entre el nirvana y el samsara es la de un espejo bien pulido y la de un espejo sucio, o la de ver la Luna en en un lago quieto y diáfano o verla en un charco agitado por el viento y oscurecido por el lodo.

Twitter del autor: @alepholo

ESTAS SON LAS 6 CARACTERÍSTICAS QUE DEFINEN A UNA PERSONA SABIA SEGÚN LA NEUROCIENCIA

CIENTÍFICOS HAN ENCONTRADO QUE NO TODO DECLINA CON LA EDAD; CIERTAS CUALIDADES DE AUTORREGULACIÓN, DECISIÓN Y CAPACIDAD DE RAZONAR EN LA INCERTIDUMBRE SON FRUTOS DE LA EXPERIENCIA Y LA EDAD

En los últimos años algunos neurocientíficos y psicólogos han intentado refinar los criterios del estudio de la inteligencia y han buscado entender cosas como qué es la sabiduría. El trabajo pionero en este campo es el Wisdom Project establecido en Berlín en los 80 por Paul Baltes y Ursula Staudinger, el cual definió a la sabiduría como “la capacidad de desarrollar una intuición profunda y un juicio correcto sobre la esencia de la condición humana y las formas y medios para planear, administrar y entender una buena vida”. Una sabiduría que “es la finalidad ideal del desarrollo humano”.

Desde siempre la sabiduría ha estado relacionada en la mente humana con la edad y con la experiencia, y estudios recientes parecen avalar esto. Según Igor Grossmann, de la Universidad de Waterloo en Ontario, existen aspectos cognitivos que no necesariamente declinan con el tiempo. Sabemos que con la edad la habilidad para realizar operaciones mentales y la capacidad de sostener memoria episódica disminuye, así como algunas funciones ejecutivas, debido a un desgaste en el lóbulo temporal medio. Sin embargo, “muchos de estos procesos son flexibles y pueden entrenarse”; Grossman explica que “muchas prácticas meditativas… en las que te desapegas de tu ser inmediato, y te conviertes en observador” pueden ayudar a mantener ciertas funciones cerebrales. El investigador añade que en el caso de la sabiduría muchas de las habilidades que se le asocian tiene que ver con el desarrollo de una perspectiva y de un sentido del ser, como por ejemplo el desapego y el desarrollo de un sentido de interdependencia, por lo que no están solamente sujetas al declive de la edad sino que son el resultado de la experiencia dirigida. Una persona puede nacer con inteligencia pero la sabiduría necesariamente debe obtenerse, es la marca del cultivo de esa inteligencia, de la aplicación moral y del entendimiento.

Dilip Jeste, director del Stein Institute de la Universidad de California, realizó un interesante estudio en el que entrevistó a pacientes de la tercera edad para formarse una noción de la sabiduría según la especificidad cultural. A la par analizó con un software el Bhagavad Gita, uno de los textos más importantes de la filosofía hinduista considerado un referente de la sabiduría intemporal. Jeste determinó que la noción de sabiduría entre los pacientes y este texto tenía grandes similitudes. A partir de esto, su equipo generó una definición de los seis componentes transculturales de la sabiduría:

1. Tener un conocimiento pragmático de la vida

2. Regular emociones

3. Un comportamiento prosocial que conlleve compasión, altruismo y empatía

4. Saber las propias virtudes y debilidades

5. Capacidad de tomar decisiones

6. Aceptar la incertidumbre

El sitio Nautilus ha compilado una serie de estudios en torno a la sabiduría, de los cuales se pueden tomar ciertas conclusiones. Es interesante notar que la sabiduría tiene un componente moral y está ligada a ser una buena persona, tanto por el análisis cultural como neurofisiológico (“ser una buena persona” definido como la capacidad de sentir empatía y de asumir responsabilidades).

Se desprende de aquí también la noción de que debemos reconsiderar nuestra imagen de la vejez como algo negativo que se debe reprimir a toda costa. En Las esencias viajeras, Carlos Monsiváis escribió:

…ya en el siglo XX, al convertirse la juventud en la meta suprema, incluso los propios jóvenes, el pacto fáustico deviene el centro de las obsesiones, de las ilusiones recónditas y públicas, hasta llegar a los finales de esta centuria convertido en búsqueda gozosa y patética de la cirugía plástica, los gimnasios, las dietas estrictas, el maquillaje, las ropas rejuvenecedoras, la liposucción, hasta llegar a la ilusión química de la feromona humana… La metáfora prodigiosa de un libro se convierte en el sueño masivo de consumo y ansiedad por resistir al tiempo.

Si revaloramos la noción de sabiduría quizás podamos resistirnos menos al paso del tiempo –al resistirnos generamos tensión, estrés y enfermedad para nosotros y para aquellos que son viejos y a los cuales vemos con desdén. ¿Acaso no es la sabiduría, fruto paciente de la experiencia, algo tan valioso o incluso más que la belleza y el ímpetu de la juventud? Si nuestra meta en la vida fuera ser sabios y no solamente ricos y guapos, seguramente sufriríamos menos y el mundo estaría en mejor estado.

Fuente: pijamasurf.com

Los 5 peores demonios para ser poseído

Belcebu

Aún no se sabe a ciencia cierta si él Papa Honorio III (que ejerció del 1216 a 1227) escribió o no el libro donde fueron enlistados estos demonios. Este jefe de la iglesia es recordado entre los papas por celebrar ceremonias para invocar demonios que luego desterraba nuevamente al infierno a través de misas negras (como se sigue haciendo en la actualidad). En el artículo publicado por Esther Iglis-Arkell se enumeran los cinco demonios con los cuales no quisieras compartir cuerpo.

1) Belcebú

Belcebú es el Big Brother de los demonios, el ‘alzado’; y aunque el cine ha hecho que pierda su cualidad terrorífica, sigue siendo quien atormenta a los pecadores en el infierno.

Inglis-Arkell habla de que a principios de 1600, una joven monja llamada Madeleine de Demandolx de la Palud comenzó a tener convulsiones, gritaba obscenidades y afirmaba que había cometido ‘actos lascivos’ y sexuales con demonios y ‘brujas’. En ese tiempo se llegó a la conclusión de que estaba poseída por Satanás. Se le llevó a ella y a otra mujer que cumplía las mismas características, frente al Gran Inquisidor local.

No se sabe si se les expulsó a Satán, pero sí se supo por otras niñas, que el sacerdote había aconsejado a la monja para incitarla a cometer actos lascivos. El sacerdote negó todo; y hastiado, dijo sarcásticamente que si fuera brujo le daría su alma al diablo. El sacerdote fue detenido y torturado, confesó, se retractó, fue torturado un poco más, confesó una vez más, fue torturado un poco más y… luego lo quemaron vivo. Las chicas siguieron acusando a la gente de brujería con tal de no ser acusadas ellas.

2) Ronove

Ronove, como todos los demonios, es un maestro en el arte de engatusar y engañar a las personas, con la retórica y la elocuencia las disuade para que hagan tal o cual atrocidad. Este demonio podría escribir todo un volumen de cómo ser influyente y ganar ‘amigos’. También es el que que ‘toma las almas viejas’. seguramente Ronove está esperando a aquellos pecadores viejos que se encuentran en el umbral de la muerte; a ellos y a sus mascotas (porque también se ‘lleva’ a las mascotas).

Agares

3) Agares

Agares es asexuado, o tiene los dos sexos. Si se lo ve como hombre, es viejo y monta un cocodrilo. Angelical, hermosa y joven se la ve, en su figura femenina. (Quizá hay quien ebrio vio a Agares mujer, de noche en el rave, y amaneció con el mismo demonio, pero en su forma masculina). No por ser demonio no puede ser atractivo o hermosa.

Todos los demonios tienden a ser maestros y, a dar enseñanzas a los fieles seguidores, hasta el punto donde lo permiten los humanos. En corto tiempo, bajo la tutela de Agares, tendrás conocimiento de todas las lenguas del mundo. La noticia mala para muchos es que este será un repertorio de ofensas y crueldades; lo que lleva el troleo a su nivel más demoniaco (si piensas que es suficiente, recuerda que aún faltan los insultos raciales y étnicos). Por lo que serás un erudito en cuestión de maldiciones en todos los idiomas del mundo.

4) Surgat

Surgat esta listo para pelear al lado de Satanás cuando este se lo indique. Al parecer, sirve a Satanás cuando es necesario y los demonios son sus compañeros de batalla. Ebtre todos ellos, Surgat, se gana su lugar en la lista de miedo porque no puede ser exorcizado. Está descrito en libro profesional sobre ‘eyección’ demoniaca (en ese tiempo esa era la única acepción de eyaculación), del Papa Honorio de con una frase: “Surgat es el que abre todas las cerraduras”.

Acquiel

5) Aquiel

Demonio de la mitología cristiana, es el que se dedica a arruinar la santificación dominical (el Sabbath). Es decir, se encarga de quitarle al domingo lo sagrado, como día de guardar; destruyendo y combatiendo cualquier energía que pretenda mantener este día sagrado que el mismo dios escogió para descansar. No suena tan mal, sin embargo, si una autoridad religiosa fuera poseído por Acquiel, quizá sería una afrenta par su grey o para todos aquellos que su religión les obliga descansar el Sabbath.Es decir, este demonio –aún más que los demás– sólo afecta a quienes creen en un sistema religioso vulnerable a demonios.

No se sabe si ha muerto más gente por dios o por el diablo. Lo que se puede aprender son dos cosas: trata de no ser poseído por el diablo, pero si es así,  guárdalo para ti o terminarás en la hoguera.

Fuente: PijamaSurf