Cómo cambia la vida tras la muerte de los padres

Después de la muerte de los padres, la vida cambia mucho. O quizás, muchísimo. Enfrentar la orfandad, incluso para personas adultas, es una experiencia sobrecogedora. En el fondo de todas las personas siempre sigue viviendo ese niño que siempre puede acudir a la madre o al padre para sentirse protegido. Pero cuando se van, esa opción desaparece para siempre.

Vas a dejar de verlos, no una semana, ni un mes, sino el resto de la vida. Los padres fueron las personas que nos trajeron al mundo y con quienes se compartiste lo más íntimo y frágil. Ya no estarán aquellos seres por los que, en gran medida, llegamos a ser lo que somos.

“Cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre” -Gabriel García Márquez-

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La muerte: de hablar de ella a vivirla, un gran abismo…

Nunca estamos del todo preparados para enfrentar la muerte, más aún si se trata de la de uno de nuestros padres. Es una gran adversidad que difícilmente se llega a superar totalmente. Normalmente lo máximo que se consigue es a asumirla y a convivir con ella. Para superarla, al menos en teoría, tendríamos que entenderla y la muerte, en sentido estricto, es del todo incomprensible. Es uno de los grandes misterios de la existencia: quizás el más grande.

Obviamente, el modo en el que integremos las pérdidas va a tener mucho que ver con la manera en la que se hayan producido. Una muerte de las llamadas “por causas naturales” es dolorosa, pero lo es más un accidente o un asesinato. Si la muerte fue precedida por una larga enfermedad, la situación es muy distinta a cuando se produjo de manera súbita.

También incide la diferencia en tiempo entre la muerte del uno y el otro: si media poco tiempo, el duelo será más complejo. Si, en cambio, el lapso es más extenso, seguramente estaremos un poco mejor preparados para aceptarlo

Realmente no solo se va un cuerpo, sino todo un universo. Un mundo hecho de palabras, de caricias, de gestos. Inclusive, de reiterativos consejos que a veces hartaban un poco y de“manías” que nos hacían sonreír o frotarnos la cabeza porque les reconocemos en ellas. Ahora comienzan a extrañarse de un modo inverosímil.

La muerte no avisa. Puede presumirse, pero nunca anuncia exactamente cuándo va a llegar. Todo se sintetiza en un instante y ese instante es categórico y determinante: irreversible. Tantas experiencias vividas al lado de ellos, buenas y malas, se estremecen de repente y quedan sumidas en recuerdos. El ciclo se cumplió y es momento de decir adiós.

“Lo que está, sin estar…”

Pensamos, por lo general, que nunca va a llegar ese día, hasta que llega y se hace real. Nos quedamos en shock y solamente vemos una caja, con un cuerpo rígido y quieto, que no habla ni se mueve. Que está ahí, sin estar ahí…

Porque con la muerte comienzan a entenderse muchos aspectos de las vidas de las personas fallecidas. Aparece una comprensión más profunda. Quizás, el hecho de no tener presente a las personas queridas suscita en nosotros el entendimiento sobre el porqué de muchas actitudes hasta entonces incomprensibles, contradictorias o incluso repulsivas.

Por eso, la muerte puede traer consigo un sentimiento de culpa frente a quien murió. Es necesario luchar contra ese sentimiento, ya que no aporta nada, sino hundirte más en la tristeza, sin poder remediar nada ¿Para qué culparse si uno cometió errores? Somos seres humanos y acompañando a esa despedida tiene que existir un perdón: del que se va hacia el que se queda o del que se queda hacia el que se marcha.

Disfrútalos mientras puedas: no van a estar para siempre…

Cuando mueren los padres, con independencia de la edad, las personas suelen experimentar un sentimiento de abandono. Es una muerte diferente a las demás. A su vez, algunas personas se niegan a darle la importancia que el hecho se merece, como mecanismo de defensa, en forma de una negación encubierta. Pero esos duelos no resueltos retornan en forma de enfermedad, de fatiga, de irritabilidad o síntomas de depresión.

Los padres son el primer amor

No importa cuántos conflictos o diferencias se haya tenido con ellos: son seres únicos e irreemplazables en el mundo emocional. Aunque seamos autónomos e independientes, aunque nuestra relación con ellos haya sido tortuosa. Cuando ya no están, se experimenta su falta como un “nunca más” para una forma de protección y de apoyo que, de uno u otro modo, siempre estuvo ahí.

De hecho, quienes no conocieron a sus padres, o se alejaron de ellos a temprana edad, suelen cargar toda su vida con esas ausencias como un lastre. Una ausencia que es presencia: queda en el corazón un lugar que siempre los reclama.

De cualquier modo, una de las grandes pérdidas en la vida es la de los padres. Puede ser difícil de superar si hubo injusticia o negligencia en el trato hacia ellos. Por eso, mientras estén vivos, es importante hacer conciencia de que los padres no van a estar ahí para siempre. De que son, genética y psicológicamente, la realidad que nos dio origen. Que son únicos y que la vida cambiará para siempre cuando se vayan.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

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Cuando un animal se va de tu lado, no se marcha del todo

Cuando un animal se va de tu lado, no se marcha del todo. En tu mente aparece reiteradamente el recuerdo de todas las cosas que os unen. Recuerdos de paseos por el parque. De salidas en grupo. De la alegría con la que te recibía al llegar a casa. De confidencias. De complicidad y apoyo. De tardes de invierno debajo de una manta compartiendo lecturas.

Llegan a tu memoria los recuerdos de los primeros tiempos. Quizá lo complicada que fue la adaptación. Los primeros pasos como compañeros de fatigas. Las primeras salidas. Los primeros cariños. Las primeras trastadas. Los primeros enfados.

Al comienzo es duro. Todo tu entorno te lo recuerda y no paras de pensar que las cosas podrían haber sido diferentes. Alguien te dice que lo mejor es buscar un nuevo compañero. La idea se te hace impensable. Imposible. Jamás podrán ocupar su lugar. 

Cuando un animal se va de tu lado, no se marcha del todo. En tu corazón permanece el recuerdo de ese ser querido con el que has compartido alegrías, tristezas, sinsabores. No te paras nunca a pensar que, quizás algún día, sea el último. La última sonrisa. El último abrazo. El último cariño. El último día que te devuelve la mirada de fiel y leal amigo.

La tristeza no es buena compañera

La tristeza es enorme y piensas que nunca vas a poder superarlo. Pero un buen día amanece y te das cuenta que el recuerdo sigue ahí, pero ya no duele tanto. El dolor es soportable. El recuerdo infinito.

Dejar que la tristeza te aplaste y que el vacío que siente tu corazón y tu alma te desborde únicamente puede hacer más oscuro el túnel en el que estás

Tristeza

Cuando un animal se va de tu lado, no se marcha del todo. Quizá vuelvas a encontrarle en otras circunstancias o en otro momento de tu vida. Es posible también que ese reencuentro no se produzca porque ya no está o porque no vuelve a cruzarse en tu camino. Pero tiene presencia en tu corazón. Como una huella indeleble que siempre va a acompañarte. 

El el compañero más fiel que nunca has tenido. El que está contigo en todos los momentos. Nunca está cansado. Siempre te apoya. Sea como sea. Si estás triste, te da su apoyo incondicional. Si estás contenta, lo celebra contigo. No te abandona en ningún momento.

Es una relación de beneficio mutuo

Tú le dejas darte cariño, pero él también necesita del tuyo. Porque ese amigo fiel tiene sentimientos y emociones. Un animal es el mejor profesor de inteligencia emocional. Sabe expresar perfectamente las emociones básicas: sorpresa, ira, asco, miedo, tristeza, alegría. No necesita las palabras. Es el ejemplo perfecto de expresión corporal.

Un animal es la mejor medicina para la soledad. El mejor maestro de la asignatura de responsabilidad. El mejor entrenador para ayudarte a entender tus propias emociones.

Zentangle de perro en color

Cuando alguien se va de tu lado, no se marcha del todo. Porque ese alguien forma parte de tu familia. De tu vida. Quizá te ha acompañado desde tus primeros años y ha vivido contigo tus primeros desengaños, tu primer empleo, tu primer beso.

Recuerda siempre los momentos bonitos y dulces pasados y agradece todo el tiempo compartido

Es posible que algunas personas no entiendan que puedas sentirte así. Al fin y al cabo, no es una persona. Pero tú sabes que únicamente le hace falta vocalizar para ser humano. Porque no necesitáis del lenguaje hablado para entenderos. Porque tenéis un código en el que no son necesarias las palabras. Porque siente, piensa y se comporta mejor que algunas de las personas que conoces.

Sea como sea tienes que seguir adelante. Por eso, cuando un animal se va de tu lado, no se marcha del todo. El aprendizaje que te ha dado y el amor incondicional que te ha ofrecido lo tendrás para siempre. 

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

El brillo que generas molesta a los que viven en oscuridad

Dejar que el corazón brille y querer compartir esa sensación molesta mucho a quien lo tiene lleno de total oscuridad. Es una pena, de hecho, que desear que alguien se alegre de tu felicidad pueda acabar apagando tu brillo.

Sin embargo, tienes que saberlo. En esta vida hay quienes son en esencia luz e iluminan sin llegar a cegar y quienes ciegan con toxicidad. Estas últimas personas son, además, el símbolo de eso que nos sobrecoge y nos opaca cuando más apoyo buscamos.

Esa clase de gente -recuerda- no te necesita en su vida y a ti tampoco te beneficia que ellos estén en la tuya, sobre todo porque los amigos calientan cuando hay pena pero también saben celebrar cuando hay metas motivos. Y casi siempre los hay.

Deja a las personas tóxicas ahogarse en su veneno

El brillo y la oscuridad forman parte de la naturaleza, por lo que los dos tipos de personas que identifican ambas cosas conviven, se comunican y en ocasiones se contaminan. Esta es precisamente la razón según la cual es fácil toparse con gente que vive en la oscuridad y les fastidia por el brillo que nace de la luz que emites.

Mujer estancada en el agua

No es que tu brillo sea desagradable, es que directamente algunas personas necesitan robártelo para sentirse mejor porque en su alma hay maldad y en sus venas envidia, mucha envidia. ¿Conoces esas setas que tienen muy buen aspecto pero no son comestibles? Pues hay con quien ocurre lo mismo que con ellas: se acercan a ti haciéndote creer que estarán ahí y a la hora de la verdad envenenan.

Por eso las compañías tóxicas hay que evitarlas y a las cercanías que no comparten la felicidad que podamos sentir hay que dejarlas marchar. Si lo piensas, alguien que no se alegra de tus logros, no te está queriendo bien y eso es lo más importante.

¿Ser feliz está bien o mal visto?

Nos encanta compartir las noticias buenas con las personas que conocemos, plasmar nuestras ilusiones en una reacción o señalar que hemos encontrado el lugar en la vida en el que sentirnos bien. Y lo hacemos por redes sociales, por teléfono, por e-mail, con canciones o de las mil maneras que se nos ocurran.

Por eso no llegamos a entender la insatisfacción de algunos gestos que desaprueban que estemos así, porque esperaríamos una sonrisa a cambio, un abrazo, un “es fantástico, enhorabuena”. ¿No te ha ocurrido alguna vez? En esos momentos el brillo que traíamos se hace invisible y la emoción decae al no encontrar una respuesta confortable.

Mujer recibiendo luz

Además cuando esto se repite muchas veces, llegamos a la conclusión de que la felicidad se contagia, pero solo a quien se deja contagiar: a veces pasa que tu paz interior ocasiona malestar en los demás y eso no tiene que ver contigo, sino con la gestión de las emociones de la otra persona.

Quizá es su oscuridad la que molesta a tu brillo

Planteándome este tema he llegado a un símil que me ha resultado muy interesante y con el que quizá estés de acuerdo: esas personas que detestan tu luz me recuerdan a las muelas del juicio. Voy a tratar de explicarte por qué.

Las muelas del juicio tarde o temprano tienen que llegar a nuestro día a día y probablemente no lo hagan al mismo tiempo: al principio no irritan, pero cuando creemos estar bien comienzan a dolernos. Entonces, nos bajan el ánimo y debilitan las energías que tenemos por lo que nos vemos obligados a sacarlas, a eliminarlas para que no nos compliquen la existencia. Al irse el alivio que sentimos es inigualable.

Las personas que tienen frío en su alma y no encuentran la manera de abrigarla generan un impacto como el de las muelas: tienen que aparecer en algún momento porque, como ellas, son parte de la especie humana. Sin embargo, nos viene bien no olvidar que las muelas del juicio no tienen ninguna utilidad y además dificultan nuestra higiene. Sigue brillando con tu luz personal y no permitas que una oscuridad que no es tuya invada tu ánimo. 

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Los abuelos nunca mueren, se vuelven invisibles

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Los abuelos nunca mueren, se vuelven invisibles y duermen para siempre en lo más hondo de nuestro corazón. Aún hoy, los echamos en falta y daríamos lo que fuera por volver a escuchar sus historias, por sentir sus caricias y esas miradas llenas de infinita ternura.

Sabemos que es ley de vida, mientras los abuelos tienen el privilegio de vernos nacer y crecer, nosotros hemos de ser testigos de cómo envejecen y dicen adiós a este mundo. Su pérdida, es casi siempre la primera despedida a la que hemos tenido que enfrentarnos en nuestra infancia.

Los abuelos que son partícipes en la crianza de sus nietos dejan huellas en su alma, legados que los acompañarán de por vida como semillas de amor imperecedero para esos días en que se vuelvan invisibles.

Hoy en día es muy común ver a los abuelos y a las abuelas involucrados en las tareas de crianza con sus nietos. Son una red apoyo inestimable en las familias actuales. No obstante, su papel no es el mismo que el de un padre o una madre, y eso es algo que los niños intuyen desde bien temprano.

El vínculo de los abuelos y los nietos se crea desde una complicidad mucho más íntima y profunda, por ello, su pérdida puede ser en muchos casos algo muy delicado en la mente de un niño o un adolescente. Te invitamos a reflexionar sobre este tema con nosotros.

abuelo paseando junto a sus nietos con un perro

El adiós a los abuelos: la primera experiencia con la pérdida

Muchas personas tienen el privilegio de tener a su lado a alguno de sus abuelos habiendo llegado a la edad adulta. Otros, en cambio, tuvieron que afrontar su muerte en la primera infancia, en esa edad en que aún no se entiende la pérdida en todo su realismo, y donde los adultos, en ocasiones, la explican mal. Como intentando dulcificar la muerte o hacer como “si no doliera”.

La mayoría de psicopedagogos nos lo dicen bien claro: a un niño se le debe decir siempre la verdad. Es necesario adaptar el mensaje a su edad, de eso no hay duda, pero un error que suelen cometer muchos papás es en evitar, por ejemplo. una última despedida entre el niño y el abuelo en el hospital o en hacer uso de metáforas como “el abuelo está en una estrella o la abuela está durmiendo en el cielo”.

  • A los niños se les debe explicar la muerte de manera sencilla y sin metáforas para que no se hagan ideas equivocadas. Si le decimos que el abuelo se ha ido, lo más probable es que el niño pregunte cuándo va a volver.
  • Si explicamos al pequeño la muerte desde una visión religiosa determinada, es necesario incidir en el hecho de que “no va a regresar”. Un niño pequeño solo puede absorber cantidades limitadas de información; así que las explicaciones deben ser lo más breves pero sencillas posibles.

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Es importante tener en cuenta también que la muerte no es un tabú y que las lágrimas de los adultos no tienen por qué quedar ocultas ante la mirada infantil. Todos sufrimos la pérdida de un ser querido y es necesario hablar de ella y desahogarla. Los niños lo harán a su tiempo y en su momento, por ello, hemos de ser adecuados facilitadores de ese proceso.

Los niños nos harán muchas preguntas que necesitan de las mejores y más pacientes respuestas. La pérdida de los abuelos en la infancia o en la adolescencia siempre es complejo, así que es necesario atravesar ese duelo en familia siendo muy intuitivos ante cualquier necesidad de nuestros hijos.

 

Aunque no estén, siguen muy presentes

Los abuelos, aunque no estén,siguen muy presentes en nuestras vidas, en esos escenarios comunes que compartimos con nuestra familia e incluso en ese legado oral que ofrecemos a las nuevas generaciones. A los nuevos nietos o biznietos que no pudieron conocer al abuelo o a la abuela.

Los abuelos sostuvieron nuestras manos durante un tiempo, mientras nos enseñaban a andar, pero luego, lo que sostuvieron para siempre fueron nuestros corazones, ahí donde dormirán eternamente ofreciéndonos su luz, su recuerdo.

Sus presencias habitan aún en esas fotografías amarillentas que se guardan en marcos y no en la memoria de un móvil. El abuelo está en ese árbol que plantó con sus manos, en ese vestido que nos cosió la abuela y que aún conservamos.

Están en los olores de esos pasteles que habitan en nuestra memoria emocional. Su recuerdo está también en cada uno de los consejos que nos dieron, en las historias que nos contaron, en el modo en que nos hacemos los nudos de los zapatos e incluso en ese hoyuelo en el mentón que hemos heredado de ellos.

el legado de mi abuelo, un vínculo eterno

Los abuelos no mueren, porque se inscriben en nuestras emociones de un modo más delicado y profundo que la simple genética. Nos enseñaron a ir un poco más despacio y a su ritmo, a saborear una tarde en el campo, a descubrir que los buenos libros tienen un olor especial ya que existe un lenguaje que va mucho más allá de las palabras.

Es el lenguaje de un abrazo, de una caricia, de una sonrisa cómplice y de un paseo a media tarde compartiendo silencios mientras vemos el atardecer. Todo ello perdurará para siempre, y es ahí donde acontece la auténtica eternidad de las personas.

En el legado afectuoso de quienes nos aman de verdad y que nos honran al recordarnos cada día.

 

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com

El duelo que no tiene nombre

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Hay duelos que te marcan y te dejan sin palabras. Hay otras pérdidas para las que realmente no existen palabras. Puedes ser huérfano o viuda, pero cuando se te muere un hijo te das cuenta de que nada de lo que digas podrá reflejar lo que sientes, convirtiéndose en el duelo que no tiene nombre.

Un duelo que te hiere por dentro, porque has perdido una parte de ti, una parte sobre la que construiste tu vida. Y, por tanto, tu vida ha perdido parte de su sentido, ya que sólo hay culpa y reproches, porque tú tenías que haberte ido antes, tenías que haber sido lo suficientemente bueno para que no se cayera.

Aunque estos sentimientos son normales porque sentir el malestar es lo adecuado, lo que te dices y que te hace sentirte culpable, no es más que producto de una serie de autorreproches que te marcan por seguir viviendo cuando se supone que son los hijos los que sobreviven a los padres.

“No te compadezcas de la muerte, Harry. Compadécete de la vida, sobre todo, de los que viven sin amor.”
-J. K. Rowling-

No fue culpa tuya

La voz interna de nuestra conciencia es especialmente intensa en los momentos de duelo. Este Pepito Grillo que generalmente nos ayuda a distinguir lo correcto de lo incorrecto, puede llevarnos en algunos casos al tormento por recordarnos un pasado que pudo haber sido y no fue. Nos lleva a culparnos por un pasado que generalmente estaba fuera de nuestro control.

Mujer triste sintiendo culpa

Nos llena de autorreproches del tipo: “Si hubiera despertado antes”, “Y si estaba enfermo y no lo vi”, “Si hubiera actuado diferente”…. Pero lo cierto es que lo más probable es que nada de lo que pudieras cambiar en el pasado modificaría el resultado. La muerte llega, no solemos saber cuándo y es algo irracional intentar buscar su sentido.

A veces, diferenciar entre la culpa y la responsabilidad es muy difícil. Si se instala en el duelo lo enquista impidiéndote superarlo y avanzar. Así la culpa no responde a la lógica, invalidándote por completo. Porque no entiendes lo ocurrido y no puedes aceptarlo sin sentirte culpable por ello.

Y, aunque la comprensión en el duelo es el primer paso para su aceptación, en ocasiones esta comprensión no tiene que llevar a entender todos los “porqués” de su pérdida, porque en muchas ocasiones no hay un por qué, simplemente ocurre.

“…las personas a las que amamos no se van jamás del todo: basta con que no las olvidemos.”
-J. K. Rowling-

Tratar la culpa en el duelo

La culpa es una de las emociones que más dificultan el proceso de duelo. Pero hay una serie de indicaciones que puedes seguir que te ayudarán a superarlo:

  • Habla sobre el duelo: habla con familiares y amigos de confianza. Que su pérdida no se convierta en un tema tabú. Aceptar lo ocurrido es importante y conocer los diferentes puntos de vista ayuda a superar el sentimiento de culpa.
  • Acepta tus sentimientos: es normal que el duelo lleve aparejado un sinfín de emociones, desde la tristeza al agotamiento. Acéptalas todas, vívelas, pero no te instales en ellas.

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  • No dejes de lado tu vida: cuando estamos en proceso de duelo solemos sentirnos tan mal que, sin darnos cuenta, dejamos de lado nuestras rutinas. Esto favorece a que tengamos más tiempo para buscar razones del porqué de su pérdida. No dejes de cuidarte y de cuidar a los tuyos, que también te necesitan.
  • Rememora la vida del ser amado que has perdido: tu hijo no sólo se define por el momento en el que lo has perdido. Recuerda todo el amor que tuvo contigo y los momentos felices que vivisteis juntos. Es el mejor homenaje que puedes hacerle.
  • Pide ayuda profesional si lo necesitas: aunque pienses que mucha gente ha pasado por la misma situación no todos somos iguales y el pedir ayuda puede ayudarte a superar las emociones que actualmente te superan.
Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/

Confía en lo que sientes más que en lo que piensas

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“Enterrada en lo más profundo de cada uno de nosotros, yace una consciencia instintiva y sincera que nos ofrece, si nosotros se lo permitimos, la guía más segura”

Príncipe Carlos

A veces nos parece tener un sexto sentido a la hora de, por ejemplo, ver qué personas pueden hacernos daño. Solemos desestimar esta información intuitiva por no basarse en parámetros racionales, ya que eso condiciona la probabilidad de que nos equivoquemos.

Sin embargo, nuestra voz intuitiva es muy útil e importante a la hora de manejarnos por el mundo. De hecho, nuestro cerebro trabaja con gran cantidad de información de la que nosotros no somos conscientes.

Es decir, que cuando tenemos pálpitos, es por algo. Nuestra mente trabaja sin declararnos lo que hace, hablándonos pero sin darnos explicaciones. La realidad es que el mundo no está estructurado para guiarse por intuiciones, pero a veces no nos vendría mal darle un poco de valor.

El silencio compartido sabe mejor

La intuición es la lucidez que el corazón conoce y la mente ignora

Dicen que nuestra inteligencia siempre tiene razón, pero que nuestra intuición nunca se equivoca. Si bien esto no es del todo verdad, digamos que sí que lo es que la consciencia sobrevalora su capacidad de control.

Como comentábamos al principio, puede que a veces algo no nos guste y no sepamos a qué se debe. Entonces, casi de manera automática, desestimamos la información que nuestro sexto sentido nos da y no nos paramos a analizarlo.

De hecho, podemos formarnos la imagen de una persona en unos instantes, en concreto basta con solo 6 segundos. Esto es bastante adaptativo, pues discriminar con rapidez quién puede resultar conflictivo o tóxico es muy importante para proteger nuestra integridad.

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La intuición emocional: la empatía

El poder la comprensión intuitiva te protegerá de cualquier daño hasta el fin de tus días

Además, en términos emocionales la intuición tiene mucho peso. Aquí es donde entra en juego la empatía, la cual no deja de ser una especie de intuición. O sea, ¿qué certeza tenemos de que las emociones que estamos percibiendo sean reales?

Con el tiempo, manejar estos indicios se convierte en una acción automática que nos ayudará a desarrollar nuestra destreza intuitiva. En el amor, por ejemplo, esto cobra especial relevancia. Aunque no sepamos exactamente qué es lo que nos lleva a pensar en que alguien nos quiere, no nos solemos equivocar.

Otra cosa es que nos permitamos hacerle caso a nuestro sexto sentido o no, pero se podría decir que el corazón sí que tiene razones para guiarse la intuición. De hecho, gracias a ella se puede proteger de múltiples daños.

De hecho, la intuición se convierte en el reconocimiento de las situaciones, de las personas y de las consecuencias de lo que ocurre a nuestro alrededor. No obstante, hacer caso a nuestro sexto sentido ciegamente también puede pasarnos factura, por lo que hay que tener cuidado.

En relación a esto, parece que existe fundamento para afirmar que, en la actualidad, las mujeres tienen una mayor capacidad para discriminar y leer rápidamente las emociones ajenas, saber si se está fingiendo, mintiendo o si una pareja se quiere de verdad.

El significado de la nostalgia

Los peligros de la intuición

Poder realizar juicios de manera rápida y sin apenas esfuerzo puede llevarnos a equívocos y, por lo tanto, a perdernos gran parte de la belleza de la vida y de las personas con las que nos topamos.

Por esta razón, debemos contenernos e intentar elaborar mentalmente situaciones hipotéticas en las que nuestros prejuicios puedan actuar equivocadamente. Es decir que cuando nos damos cuenta de que estamos actuando por suposiciones o sentimientos reflejos y sin un gran fundamento, también debemos pararnos a pensar.

No hay misterios, lo importante es cómo actuamos cuando nos percatamos de esto, pues es importante que los sentimientos no nos dominen, que los vigilemos y que los compensemos a la hora de actuar.

Es indispensable darle a nuestra intuición el lugar que le corresponde. Debemos tenerla en cuenta en la misma medida en la que debemos confrontarla con la realidad, obteniendo un equilibrio que nos permita avanzar en todos los órdenes de la vida.

Fuente: http://lamenteesmaravillosa.com/confia-lo-sientes-mas-lo-piensas/

Almas viejas, almas sensibles

Almas viejas, almas sensibles

¿Te han dicho alguna vez que eres más maduro/a que todos los de tu edad?, ¿o todo lo contrario? Quizás hayas oído hablar de las “almas viejas” y las “almas jóvenes” según el nivel de inteligencia, sensibilidad, intuición o relación con la época en que viven.

De los dos conceptos, el que más llama la atención quizás sea el del “alma vieja”. El origen de esta expresión proviene de la religión taoísta (de más de 5000 años de antigüedad y oriunda de China). Según sus creencias, el alma abandona el Tao, la unidad global y natural, y adquiere diferentes experiencias.

Como los taoístas creen que todo debe regresar a sus raíces, el objetivo final del alma es hacer un viaje nuevamente hacia el Tao, pero una vez que ya se ha impregnado de todos los conocimientos y acontecimientos de vida. El alma pasa por 5 edades y al alcanzar la última se obtiene la perfección.

En este caso, la persona tiene mayores niveles de percepción pero también se diferencia de sus semejantes porque es más espiritual, está preocupada por hallar “su lugar en el mundo”, cree formar parte de algo más grande que la engloba y su meta principal es conseguir la satisfacción interior.

Los taoístas creen que muchos filósofos, científicos y artistas son almas viejas que hallan en esas profesiones una manera de sentirse más a gusto. Vale la pena destacar que alguien con este tipo de alma le gusta aprender a medida que va haciendo las cosas, suele desafiar el orden de lo establecido y se basa en sus propias experiencias.

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5 aspectos de un “alma vieja”

Además de cumplir con las características indicadas antes, un “alma vieja” con todas las letras:

Tiene un alto grado de madurez: ya desde pequeños se nota que no encajan en el mundo de los niños. Se aburren con los juegos establecidos para su edad, quieren libros más complejos porque los de cuentos son muy básicos, tiene actitudes de una persona más grande, puede sacar conclusiones que ni siquiera sus padres consiguen… todo ello debido a un grado de razonamiento superior a lo que se denomina “normal”.

Prefiere estar solo y le agrada cualquier ejercicio relacionado con la introspección. Las “almas viejas” no necesitan estar acompañadas porque su interior le basta. Suelen aprovechar su tiempo libre para meditar, profundizar en sus sentimientos, leer sobre temas “profundos”. Es muy silencioso, introvertido… muchos lo tildan de tímido, pero en realidad está ensimismado en su yo interior.

mejor psicólogo

Aprecia las cosas simples: un “alma vieja” tiene una espiritualidad muy marcada, se mueve sólo por aquello que lo apasiona, elige trabajar en algo que lo hace feliz y le permite autorrealizarse. Se esfuerza al máximo por dominar una cosa, pero en vez de continuar con ella cambian a otra actividad. ¿Por qué? porque encuentra más placer en el camino que en la meta.

Su instinto está muy desarrollado: no sólo eso, sino que también se sabe guiar de él. ¡No suele fallarle! Se trata de una persona que observa todo al detalle, tiene la capacidad de formar cuadros completos en su mente. Cuando todas las personas a su alrededor ven un bosque repleto de árboles, él observa cada especie vegetal y animal, el suelo, el cielo, el viento y más. Nada pasa desapercibido para un “alma vieja”. Puede analizar una persona o situación con lujo de detalles, sin equivocarse.

Es muy sensible: también es elevado su nivel de empatía, ya que puede ponerse en el lugar de los demás, comprenderlos y ayudarlos. Todo esto porque entiende mejor que nadie lo que pasa. Ve más allá de los logros, conoce sus formas de pensar… tiene la capacidad de perdonar, dejar ir lo que hace mal y dar consejos sin juzgar.

Para finalizar, sería bueno remarcar las desventajas de haber nacido con un alma vieja:

-No encaja con las personas de su edad (suele relacionarse con los mayores o ancianos).

-Cree que está desconectado del mundo (no comparte los puntos de vista de sus seres queridos).

-Puede deprimirse o tener problemas de autoestima (se mide a sí mismo con una vara muy estricta).

¿Conoces a algún “alma vieja” o crees que tú mismo puedes serlo?

Fuente: http://lamenteesmaravillosa.com/almas-viejas-almas-sensibles/