El Alma, la Reencarnación y el Plano Astral

Imagen

Una Breve Historia de los Conceptos del Alma, de la Reencarnación y del Más Allá en las Culturas Antiguas

¿De dónde viene nuestra conciencia antes de nacer en este mundo físico? ¿Qué sucede al fallecer el ser humano? ¿A dónde vamos tras la muerte? Éstas son las grandes preguntas de cualquier hombre filosófico. A lo largo de la historia de la civilización los sabios de renombre de todas las épocas se han planteado estas preguntas tan esenciales y las grandes tradiciones espirituales, religiosas, filosóficas y esotéricas han buscado ofrecer respuestas detalladas al respecto. Antes de abarcar este tema vamos a echar un vistazo muy breve a la historia de los conceptos del alma, de la reencarnación y de la vida de ultratumba e indagar un poco en la religión comparativa.

Primero me gustaría comparar la esencia del alma y recalcar la diferencia al respecto entre el relato de la creación mesopotámico (Enkista) y la versión bíblica posterior (Anuista). Si comparamos las dos versiones, pronto nos damos cuenta de que sus conclusiones respectivas son esencialmente contrarias.

En el Poema de Atrahasis, el relato sumero-acadio de la creación del hombre y del diluvio cuyos manuscritos más tempranos tienen una antigüedad de casi cuatro milenios, se relata que el hombre, la creación de Enki, fue formado en la arcilla del Abzu, mezclado con la sangre de un dios y otorgado un alma divina que, según Enki, lo presentaría siempre vivo aún después de su muerte (Atrahasis 1:221-230).

Por otro lado, el Génesis bíblico, una refundición tardía y altamente tergiversada de la versión mesopotámica original, enseña lo contrario implicando que el hombre es mantenido vivo sólo por el aliento de vida (alma) de Yahvé y al morir se le va ese sustento de vida y vuelve al polvo del cual fue formado (Génesis 2:7; 3:19).

Aquí la diferencia está bien clara. La versión politeísta enkista enseña que al hombre se le otorgó la naturaleza espiritual de los dioses y por lo tanto el alma humana es esencialmente inmortal. Por otra parte, la versión monoteísta anuista (jehovítica) cuenta el concepto judío bastante desalentador del más allá según el cual el difunto regresa a un estado de inexistencia y su única posibilidad de una nueva vida, la resurrección en términos teológicos, está en las manos del supuesto gran juez divino Yahvé.

¿Cuáles son las implicaciones de esto?

El concepto enkista del alma, el de la inmortalidad espiritual del hombre, es uno de libertad y de evolución individual que va muy vinculado con el objetivo de la vida desde la perspectiva del Enkismo. El hombre es libre para volver a encarnar en el mundo físico, gozar de la vida terrenal una vez más, continuar con el desarrollo de su alma y acercarse cada vez más al Opus Magnum: el alcance de la divinidad en nuestra trayectoria evolutiva natural. Recordemos que el alma sólo puede crecer cuando está encarnada en un cuerpo físico, pues el mundo material es el mundo de la acción. Sabiendo todo esto, la Serpiente del Edén, en realidad una representación bíblica de Enki el Ushumgal (Gran Serpiente) de la religión sumeria antigua, les aseguró a los humanos de que la amenaza de Yahvé (el día que comáis del fruto del conocimiento ciertamente moriréis) era mentira y añadió que Yahvé les había mentido porque él sabía que los hombres espabilarían y se volverían como los dioses (Elohim) al comer del fruto del conocimiento del cielo (Génesis 3:4-5). Y eso fue exactamente lo que sucedió según el mismo texto bíblico. Hasta Yahvé terminó admitiendo que el hombre ya era como uno de los dioses gracias al conocimiento divino impartido por la Serpiente (Génesis 3:22) y los siguientes capítulos de Génesis demuestran que el hombre no murió en el día que comió del fruto del Árbol del Conocimiento como había afirmado Yahvé sino que viviría casi mil años más (Génesis 5:5).

Por otro lado, la doctrina bíblica anuista de un alma destructible, finita y condenable es una de esclavitud y de estancamiento espiritual. Este concepto del alma humana luego formaría la base de las doctrinas horripilantes del juicio final y de la condenación eterna. La corriente judeocristiana promueve la creencia de que el hombre tiene una sola vida, su alma pertenece al ‘dios único’ del monoteísmo, al morir su hado está únicamente en las manos de su ‘juez divino’ y él tendrá todo el poder de condenarla al fuego por no haber seguido las enseñanzas de su ‘religión única’ en vida. ¿Pueden ver por qué la doctrina de una sola vida y de un alma mortal y dependiente de un supuesto ‘dios único’ como el Yahvé bíblico ha sido tan atractiva para la élite de las teocracias tiránicas de la corriente judeocristiana? Con dicha teología los líderes religiosos anuistas siempre les han infundido a sus víctimas un miedo descomunal y así los han sometido a una mentalidad de obediencia ciega a su supuesta autoridad. La religión judeocristiana siempre ha sido una religión de miedo y de chantaje emocional.

En fin, la visión del alma enkista que enseña que el ser humano está dotado de un componente espiritual que transciende la muerte física nos presenta con una gran esperanza de renacer como individuos y seguir el camino de nuestra evolución espiritual auténtica mientras la doctrina bíblica de que el alma sólo vive una vez, está sometida a la extinción completa y últimamente su hado está en las manos de un solo juez divino para toda la eternidad es una cárcel tenebrosa que nos somete al yugo de una religión opresiva a través del miedo y nos mantiene en la esclavitud psicológica de las entidades malévolas que nos quieren controlar.

La verdad es que mucho antes del concepto judío de la resurrección de los muertos seguida por el juicio divino (hacia el siglo 4 AEC) y de las doctrinas eclesiásticas posteriores del cielo y del infierno (los primeros siglos de la Era Común) muchas grandes religiones ancestrales y tradiciones esotéricas concebían que el alma humana era inmortal por naturaleza y algunas de ellas enseñaban de modo explícito que la esencia vital del hombre transcendía la muerte y volvía a renacer en otro cuerpo dentro de este mundo material. El concepto de la reencarnación era muy común en el mundo pagano pre-cristiano.

En la cultura egipcia antigua se creía que en el momento de la muerte física el Ka, la esencia vital y lo que corresponde al alma o espíritu en otras religiones, sigue vivo y viaja al mundo de ultratumba. Para los Egipcios, el Ka era un componente inmortal del ser humano. Algunos eruditos han sugerido también que la religión egipcia contenía vestigios de una creencia primordial en la transmigración de almas. Historiadores de la antigüedad como el teólogo romano Tertuliano y el sacerdote egipcio Manetón mencionaron en sus escritos que las enseñanzas del dios Thot en la religión egipcia antigua incluían la doctrina de la reencarnación del alma y ésas a su vez tenían su origen en la religión aún más antigua de Osiris que les fue enseñada a las civilizaciones humanas primigenias que existieron incluso antes del gran diluvio (Don Schorn, 2009i). Otros textos egipcios como el Papiro de Anana de la dinastía XIX hacen referencia a la transmigración de almas después de la muerte afirmando que “Los hombres no viven una sola vez y luego parten, sino que viven muchas vidas en muchos lugares, aunque no es siempre en este mundo” (Don Schorn, 2009ii). Recordemos que el dios egipcio Thot, un gran maestro divino de la teología, las ciencias esotéricas y los misterios, era idéntico a Ningishzidda, un hijo de Enki y una deidad del inframundo y de la sabiduría, en la religión sumeria. La doctrina de la reencarnación constituía un tema central en la religión egipcia pre-dinástica, se encontraba en un estado casi desfasado en la época dinástica cediendo ante el concepto del inframundo de los muertos y luego volvió a popularizarse a partir del siglo 6 AEC (Don Schorn, 2009iii).

En la religión hindú, la corriente espiritual milenaria de la India, se enseña que el Atman o el alma del hombre es eterno y vuelve a encarnarse en otro cuerpo después de la muerte. Las religiones orientales como el Hinduismo se caracterizan por la doctrina de Saṃsāra, el ciclo continuo de nacimiento, vida, muerte y encarnación, según la cual el alma vagabundea en este mundo y atraviesa por varios estados de existencia hasta encontrar el Moksha o la liberación del ciclo. Los registros escritos más antiguos de la doctrina de la reencarnación en la tradición religiosa índica se encuentran en el Rig Veda (Krishnan, 1997iv), un cuerpo literario compuesto alrededor de 1500 AEC, aunque el concepto puede haber tenido su origen en épocas pre-védicas (Laumakis, 2008v; Kaipayil, 2009vi). Es importante notar que el concepto de la reencarnación ha sufrido grandes cambios a lo largo de la historia de la religión índica. Por ejemplo, bajo la visión védica antigua la transmigración de almas solía considerarse nada más que el ciclo de la naturaleza y el alma se movía por su poder inherente mientras bajo la visión upanishádica posterior se enseñaba que el alma estaba atrapada en el ciclo poco deseable de Saṃsāra y reencarnaba en el mundo debido a la acumulación de su Karma (Krishnan, 1997vii; Laumakis, 2008viii). En fin, el Hinduismo de hoy es muy distinto a la espiritualidad hindú original y aunque se conserve la doctrina de la reencarnación aún sus enseñanzas al respecto se han corrompido bastante en las épocas pos-védicas y se han alejado de su esencia original.

Los conceptos de la inmortalidad del alma y de la reencarnación eran muy presentes también en las religiones esotéricas y la filosofía metafísica de la Grecia antigua. El metempsicosis, la transmigración del alma después de la muerte, fue enseñado por Sócrates (470-399 AEC) y luego popularizado por Platón (428-348 AEC), el fundador ateniense de la filosofía occidental, considerado el ‘Padre Occidental’ de la doctrina de la reencarnación (Don Schorn, 2009ix). Sin embargo, incluso antes del tiempo de Sócrates y Platón la enseñanza del metempsicosis ya estaba arraigada en el pensamiento metafísico de las escuelas esotéricas griegas. En el siglo 6 AEC Pitágoras de Samas y sus seguidores fundaron la escuela pitagórica y enseñaron un ‘conocimiento antiguo’ esotérico según el cual la transmigración de almas era una de las leyes naturales del universo (Don Schorn, 2009x). El Pitagorismo estuvo relacionado a su vez con la secta órfica aún más antigua cuya doctrina principal mantenía que el alma humana era de origen divino y por ende inmortal, pero estaba condenada a vivir durante un tiempo en un ciclo doloroso de reencarnaciones con el fin de aprender las lecciones de la vida, purificarse y volver a unirse con su creador divino (Don Schorn, 2009xi). Cabe decir que este concepto se asemeja bastante a las doctrinas del Saṃsāra, del Karma y del Moksha en el pensamiento religioso hindú de la misma época. En fin, el metempsicosis existió en el pensamiento esotérico y filosófico griego durante la antigüedad clásica y ciertamente tuvo su origen en una espiritualidad primordial subyacente de épocas pre-clásicas.

Otros pueblos indoeuropeos antiguos como los Celtas, los Teutones y los Nórdicos también incluían la doctrina de la transmigración de almas en sus prácticas religiosas. Los druidas, clase sacerdotal de la cultura celta, enseñaban que el alma humana sobrevive la muerte y vuelve a vivir una serie de vidas en distintos cuerpos (Koch, 2006xii). El mismo concepto se encuentra en las sagas nórdicas antiguas y se piensa que la creencia en la reencarnación era común entre los pueblos nórdicos antes de la influencia del Cristianismo en la edad medieval (Jakobsdóttir, 2002xiii). Del mismo modo, la enseñanza estaba muy extendida entre muchos pueblos no-indoeuropeos como los Mayas, los Incas, los Indios Norteamericanos y los Esquimales (Mills y Slobodin, 1994xiv), culturas indígenas que enfatizaban la naturaleza cíclica de este mundo.

Sin embargo, el concepto del más allá era muy distinto en la cosmovisión mesopotámica antigua. A diferencia de la cultura egipcia vecina que abrazaba una visión favorable y esperanzadora del mundo de ultratumba, los Acadios y los Babilonios tenían un concepto bastante deprimente y desalentador de la vida después de la muerte. Para los Mesopotámicos, en el momento de la muerte las almas de los difuntos descendían al Irkalla o inframundo, gobernado por la diosa Ereshkigal, donde estaban condenadas a vivir una existencia sombría y vacía como fantasmas sin distinción de que hubieran vivido una vida noble o una vida de deshonor. Esta doctrina se asemeja mucho a los conceptos del Sheol en la tradición hebrea posterior y del inframundo de Hades en la mitología griega. Así que se puede pensar que este concepto mesopotámico antiguo fue el precursor del infierno en la tradición cristiana (Lucas 16:19-31; 2 Pedro 2:4). El inframundo mesopotámico era un lugar de sufrimiento y de adversidades.

Pero queda una pregunta: ¿Si el más allá es nada más que una existencia sombría en las profundidades infernales entonces para qué Enki, el padre creador y benefactor de la Humanidad, le dio al Hombre un alma divina que lo presentaría siempre vivo aún después de su muerte? ¿Y para qué le habrá otorgado a Adapa (Adán), su hijo humano y su sacerdote más fiel, el gran conocimiento del cielo pero no la inmortalidad inmediata? Lo cierto es que aquí algo no encaja muy bien.

Debemos entender algo muy importante. Hasta recientemente se creyó que la visión del más allá mesopotámica fue constante y sin cambios significativos durante milenios; sin embargo, ahora podemos saber que no fue así realmente y por lo tanto es poco verosímil que los textos relativamente tardíos como el Descenso de Inanna al Inframundo y la Epopeya de Gilgamesh nos presenten con una reflexión certera de cómo eran las creencias del más allá en la religión sumeria temprana (Cohen, 2005xv). Tengamos en cuenta que muchos de los textos que presentan una visión lóbrega de un inframundo oscuro e inhóspito que supuestamente encarcela a las almas de todos los difuntos sin distinción de su nivel de moralidad en vida fueron compuestos en el segundo milenio después de la invasión de Anu-Yahvé y la destrucción de la civilización de Babel a manos de sus esbirros extraterrestres alrededor de 2000 AEC (véase Torre de Babel). Cuando los malvados Anuistas invadieron la Tierra por medios bélicos, desterraron a nuestros Dioses y destruyeron la civilización de Babel, ellos corrompieron muchas de las enseñanzas religiosas y suprimieron mucho del conocimiento antiguo del hombre. Anu-Yahvé y su camarilla malévola borraron cualquier noción de la reencarnación de la religión mesopotámica popular y reemplazaron la doctrina espiritual original por su concepto del más allá infernal.

La espiritualidad enkista impartida por la Serpiente en el Edén, la de la civilización divina de Babel y de las otras grandes civilizaciones primordiales fundadas por los Dioses originales de la facción serpentina, siempre ha enseñado los secretos divinos de la reencarnación, la ciencia sagrada de la Kundalini y el alcance de la divinidad. De hecho, desde tiempos antiguos la serpiente ha sido considerada como un símbolo del conocimiento divino, de las artes mágicas, del levantamiento de la Kundalini y también del ciclo de la reencarnación, pues justo como el alma deja su cuerpo atrás y se encarna en uno nuevo la serpiente muda de piel y toma una nueva forma. Cuando Enki le otorgó a Adapa el conocimiento de los dioses en vez del secreto de la inmortalidad material inmediata, él quiso que entendiéramos la inmortalidad del alma que él mismo nos dio y que conociéramos los secretos de su crecimiento y de su inmortalidad espiritual auténtica (el levantamiento de la Kundalini).

Por otro lado, la corriente doctrinal de los Anuistas siempre ha buscado inculcarnos las ideas de que no hay nada tras la muerte excepto una cárcel sombría y solitaria en el inframundo, una existencia vacía y de poca esperanza en un abismo de oscuridad, un juicio temido ante una autoridad divina y un castigo espeluznante a manos de entidades sobrenaturales. Esa visión horripilante del más allá no empezó con la doctrina del infierno en la tradición cristiana ni con el concepto del Sheol en el Judaísmo; los Anuistas ya habían pretendido dar un impulso a esa doctrina en varias religiones más antiguas como la mesopotámica desde su invasión de la Tierra hace unos 4000 años.

Las dos visiones del más allá han sido grandes rivales desde hace milenios e incluso mucho antes de la fundación de la religión judeocristiana. La enkista siempre ha sido un gran mensaje de esperanza y de renacimiento para la Humanidad mientras la anuista contraria ha sido nada más que una doctrina desalentadora y esclavizante. Dejaré que ustedes decidan cuál está a favor del Hombre y cuál es el adversario de nuestro crecimiento.

La Torre de Babel, la Invasión Anuista de la Tierra, Kali Yuga y el Fenómeno Arcóntico

A finales del tercer milenio sucedió un evento catastrófico que cambiaría la trayectoria de la historia de la Humanidad para siempre. En aquel tiempo fatídico la leyendaria civilización de Babel, el último baluarte verdadero de la corriente espiritual enkista auténtica ubicado en el corazón de Mesopotamia, fue destruida por invasores malévolos de origen divino y mucho del gran conocimiento espiritual antiguo de nuestros Dioses fue suprimido y condenado al abismo del olvido. Aquel suceso afectaría nuestro ciclo de reencarnación de modo muy negativo.

En el Génesis bíblico el mismo acontecimiento se relata como el mito de la Torre de Babel. La Biblia cuenta que cuando los sabios provenientes del este se asentaron en la tierra de Sinar (Sumeria) cuyo rey era el gran cazador Nimrod, construyeron allí una ciudad y empezaron a edificar una gran torre cuya cúspide llegaba al cielo, Yahvé de los Elohim vio que todo el mundo hablaba una sola lengua, se dio cuenta de que los hombres habían comenzado la obra, descendió a la Tierra acompañado por sus secuaces divinos y confundió el lenguaje de los hombres de modo que dejasen de edificar la torre (Génesis 11:1-9). En esta alegoría, cuando se interpreta de modo esotérico, el lenguaje unificado del Hombre se refiere al alineamiento perfecto de los chakras de la anatomía oculta, el acto de cocer los ladrillos con fuego para edificar la torre es una referencia alegórica a la activación del fuego de la Kundalini que va abriendo los chakras, la cúspide que llega al cielo simboliza el levantamiento de la Kundalini hasta el séptimo chakra, el celestial, ubicado en la coronilla; y la obra que los hombres han comenzado significa el Opus Magnum: nuestro alcance de la divinidadxvi. Es por eso la ciudad se llamaba Bab-ilani (Babel), la ‘puerta de los dioses’. Los hombres de la civilización de Babel practicaban la auténtica espiritualidad enkista cuyo propósito principal es nada menos que el endiosamiento del hombre.

La Epopeya de Enmerkar, un texto sumerio antiquísimo que se asemeja mucho al contenido de Génesis 11, habla de una mítica edad de oro durante el reinado del rey Enmerkar, el precursor sumerio del Nimrod bíblico, en la que no había miedo ni terror, el Hombre no tenía rival, la lengua de la tierra de Sumeria estaba en plena armonía y todo el mundo alababa a Enlil (¡Sí, a Enlil!) al unísono y en una sola lengua. Según el mismo relato, ¡es Enki el que unifica el habla de la Humanidad para que sea una! La civilización del Babel no fue una tierra de confusión espiritual como afirma la tradición judeocristiana posterior; fue una civilización de armonía espiritual y de gran aprendizaje bajo la tutela de nuestros Dioses auténticos.

Sin embargo, toda esa armonía llegaría a su fin con la invasión de nuestro planeta por parte de Anu-Yahvé que descendió a la Tierra acompañado por sus legiones celestiales y destruyó el orden espiritual original. Los Anuistas guerrearon con nuestros Dioses, los expulsaron de la Tierra, confundieron el funcionamiento espiritual del Hombre con su maldecida magia negra extraterrestre y sometieron al mundo entero a su dominio. Así Anu-Yahvé y sus ‘ángeles’ maléficos se apoderaron de la Tierra. Curiosamente muchos registros mitológicos antiguos relatan episodios de guerras entre los dioses alrededor de la misma época. La Epopeya de Erra babilónica relata un enfrentamiento bélico encarnizado entre los dioses de Anu y los dioses de Marduk en el cual muchas de las ciudades enkistas fueron destruidas. La Epopeya de Erra más tarde formaría la base del relato bíblico del arrasamiento de Sodoma y Gomorra (Sitchin, 2011xvii). Del mismo modo, un cuerpo literario sumerio conocido como las lamentaciones de Sumeria da testimonio de la desolación de las ciudades de Enki y de la evacuación de nuestros Dioses de la Tierra. En fin, el último paleo-apocalipsis fue una invasión bélica de los dioses malévolos que terminó acabando con la civilización de Babel y dio como resultado el exilio de los Dioses originales.

Desde entonces el mundo entero cayó en una era de oscuridad caracterizada por la ausencia de los dioses auténticos y la corrupción progresiva de la espiritualidad. A ese tiempo se le denomina la Edad de Hierro en la mitología griega y Kali Yuga, la era de impureza, en la tradición hindú. Esta era se caracteriza por la decadencia moral, la violencia extrema, el oscurantismo, el olvido de la espiritualidad auténtica, la corrupción política, el engaño y la religión falsa. Kali Yuga es el tiempo del reinado del dios impostor Anu-Yahvé (El-Saturno-Kronos), el malvado dios de este mundo, el al que los Gnósticos antiguos llamaron el malévolo Demiurgo. Esa entidad maléfica que se hace pasar por el ‘dios creador’ se apoderó de nuestro mundo hace unos 4000 años tras expulsar a nuestros Dioses originales y ahora él y sus malvados ‘ángeles’, llamados Arcontes en la cosmología gnóstica, señorean sobre el planeta de modo subrepticio desde el plano astral y nos tienen sometidos a su sistema de control. Ellos son una camarilla extraterrestre demoníaca que secuestró la Tierra tras su victoria en la última guerra divina apocalíptica justo antes de la misteriosa y repentina desaparición de la civilización sumeria.

Este concepto del fenómeno arcóntico que supone que el mundo ha sido secuestrado por una facción de entidades malévolas se ve claramente también en el texto profético antiguo llamado la Profecía de Thot. Según el gran dios Thot, Hermes en la tradición esotérica griega y Ningishzidda en la religión sumeria antigua, en los tiempos postreros el mundo sería eclipsado por la oscuridad y el mal, los Dioses originales se ausentarían de la Tierra, la religión auténtica se degeneraría, la creencia de que el alma es divina e inmortal sería ridiculizada y para colmo ¡sólo ÁNGELES MALVADOS permanecerían! Esta revelación de Thot se asemeja mucho a la situación de Kali Yuga en la tradición apocalíptica índica según la cual durante Kali Yuga el mundo es gobernado por el demonio Kali y las potestades demoníacas Koka y Vikoka. Curiosamente, los Griegos también creían que los grandes dioses andaban junto con los hombres en la Tierra en las eras doradas de antaño, pero luego desaparecieron de nuestro mundo hacia 2000 AEC. Con la ausencia de los Dioses de Enki, la Humanidad está a la merced del orden arcóntico del impostor Anu-Yahvé que aún tiene su dominio sobre el planeta.

¿Por qué menciono todo esto ahora? Pues porque esta situación cósmica afecta mucho el ciclo de la reencarnación hasta la actualidad.

Reencarnación y la Situación Actual

Muchos lectores quieren saber lo que le espera al alma en el momento de la muerte. Aquí voy a presentar las enseñanzas de nuestros Dioses en cuanto a esta cuestión. Toda la información respecto al más allá que presento aquí se puede encontrar en este sitio enkista.

Al morir el cuerpo físico, el alma sale de la carne y entra al plano astral. Separada del mundo material, allí deambula y se topa con todo tipo de entidades. Algunas son guerreros enkistas que se han proyectado al plano astral donde hacen combate contra los secuestradores de nuestro planeta y otras son esbirros de Anu-Yahvé, los llamados ‘ángeles’, Nórdicos anuistas, Saurios y Grises cochambrosos que rodean nuestro mundo desde el astral y trabajan como nuestros carceleros arcónticos.

Cuando el alma del difunto sale al plano astral ya está a la merced de esas entidades que merodean por allí. Algunas personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte testifican que se sintieron atravesar un túnel oscuro, al final vieron un gran paisaje hermoso como el paraíso e incluso se encontraron con seres lumínicos que los esperaban allí. Otros testigos dicen que estuvieron en un abismo oscuro y solitario que se asemejaba a nuestro concepto del infierno. Sin embargo, esos lugares astrales respectivos son nada más que formas-pensamiento anuistas traicioneras y detrás de esa luz famosa sólo nos espera una terrible trampa de los arcontes: las cárceles energéticas astrales del malvado Anu-Yahvé.

Si el alma errante es encontrada por un guerrero de Enki en el astral, en ese caso es rescatada de las garras de los carceleros anuistas y llevada a Orión, el hogar cósmico de los Enkitas, donde puede descansar y planear bien su próxima encarnación. Por otro lado, si el alma es detenida por los esbirros de Anu-Yahvé primero, entonces se encuentra atrapada en la vórtice energética anuista y allí permanece como un esclavo espiritual de los malévolos arcontes.

Ahora podemos entender de dónde vienen los conceptos del inframundo sombrío y del abismo del tormento en las mitologías antiguas. Ahora podemos ver por qué en algunas culturas antiguas la doctrina de la reencarnación original empezó a desfasarse y fue reemplazada por la idea del descenso al infierno. A finales del tercer milenio los Anuistas se apoderaron de nuestro mundo, tanto físico como astral, y desde entonces ellos perturban nuestro ciclo metempsicótico natural y muchas veces detienen nuestras almas en sus prisiones astrales entre encarnaciones. Es por eso que muchos de los textos religiosos mesopotámicos escritos en el segundo milenio (después de la infame invasión anuista) comienzan a describir el más allá como una existencia sombría y vacía como un fantasma en un abismo oscuro e infernal. Es por eso que la doctrina de la reencarnación se desfasó durante un tiempo en el Egipto dinástico antes de resurgir a partir del siglo 6 AEC.

Este último caso, el de la captura a manos de los secuaces astrales de Anu-Yahvé, es una situación pésima para el alma. Ella primero será acosada y utilizada como una fuente de energía por los arcontes anuistas parasíticos. Lo que nos espera detrás de ese paisaje hermoso y luminoso es nada más ni nada menos que un enorme gulag astral anuista por así decirlo. Luego será ‘lavada’, ‘formateada’ y reencarnada por los Anuistas a la fuerza y en contra de su voluntad. Muchas veces los ‘ángeles’ de Anu-Yahvé, el malévolo dios impostor de este mundo, borrarán sus recuerdos de sus encarnaciones previas, la encarnarán en un entorno adverso y contrario a su búsqueda espiritual y le inocularán debilidades como una propensidad a la depresión, discapacidades, enfermedad psicológicas y traumas para que vuelve a encarnarse más débil y su sufrimiento sea más en su próxima vida. Éste es el caso a fortiori con las almas rebeldes que no se sometieron a la presunta autoridad de Anu-Yahvé en sus vidas pasadas.

¿Por qué creen que la Biblia dice que Yahvé, dios celoso, castigarán a aquellos rebeldes, que lo aborrecen y se inclinan a otros dioses, hasta la tercera o la cuarta generación (Éxodo 20:5)? Así es la mentalidad de Anu; él busca castigar a todos aquellos que no aceptan su cosmovisión única y su sistema único.

Muchas almas que cayeron en la trampa insidiosa de Anu-Yahvé y sus ‘ángeles’ arcónticos son forzadas a encarnarse en países y regiones que no son adecuados para ellas, en familias hostiles y conflictivas, en comunidades adversas donde el espíritu anuista es muy fuerte como las judeocristianas, musulmanas, etc., en cuerpos con graves enfermedades y profundas aflicciones mentales, y sin ningún rumbo espiritual fijo. Muchas almas rebeldes que están en esta situación sentimos mucho dolor, mucha angustia, mucho sufrimiento y mucha frustración en esta vida. Nos sentimos solos, aislados, inadaptados, insatisfechos y poco comprendidos. Sentimos que no encajamos en ningún lado y percibimos que somos náufragos en un mundo ajeno desde pequeño. Muchos de nosotros, cuando aún desconocemos la situación cósmica, nos metemos en religiones en busca de respuestas y buscamos nuestra salvación en las iglesias. Aún no sabemos que en realidad sólo estamos rindiendo culto a nuestro propio adversario, abusador y verdugo. Dicha situación nociva puede durar años hasta que experimentemos un inexplicable ‘despertar’ liberador. Anu-Yahvé, ese maldecido Saturno-Kronos, es el sembrador de las semillas del sufrimiento en nuestras vidas y el segador de pena. Él diseña nuestras trayectorias reencarnativas y nos somete a encarnaciones desfavorables con el fin de hacernos sufrir como castigo.

Obviamente el primer caso, el de un rescate enkista en el astral, es mucho mejor para nosotros. En este caso el alma afortunada es trasladada a la morada de nuestros Dioses en la constelación de Orión enseguida y allí puede planear su nueva encarnación con la ayuda de nuestros guías enkistas y bajo sus propias condiciones en un ambiente tranquilo. A diferencia de la reencarnación forzada de las víctimas de los Anuistas, las almas rescatadas por los Enkitas son libres para encarnarse con una búsqueda espiritual específica y pueden eligir una vida más idóneas para ellas. Lo cierto es que jamás serán forzadas a encarnarse en contra de sus propios deseos y en un entorno nocivo para su desarrollo espiritual. Así el alma tendrá mayor oportunidad de vivir una vida próspera y feliz en sus próximas encarnaciones.

La situación reencarnativa desde la invasión anuista antigua puede parecer muy horrible y es así, pero por lo menos les puedo dar una buena noticia. Actualmente todos los humanos que han hecho su compromiso a Enki y se han unido a la gran familia enkista de modo formal son rescatados por nuestros Dioses, muchas veces por sus propios guías, y son llevados a la morada de Enki en Orión. ESO ES SIN NINGUNA EXCEPCIÓN. Cuando hacemos el ritual de compromiso, el sigilo de Enki es incrustado en el aura de nuestra alma y ése nos protege y permite que nuestros Dioses nos encuentren a la hora de nuestra partida al astral. Así ellos nos pueden identificar enseguida, luchar contra los arcontes anuistas que nos quieren encerrar, y sacarnos de la tierra de nadie en el astral para ‘repatriarnos’ en el mundo orionita. Es por eso que el ritual de compromiso es de suma importancia y es un deber tan vital para cualquier Enkista sincero.

Antes de cerrar este tema, me gustaría decir algo respecto a la doctrina popular del Karma que impregna el Budismo, el Hinduismo actual, el Movimiento de la Nueva Era y varias otras espiritualidades modernas. La realidad es que el concepto de la deuda kármica viene directamente de Anu y esta doctrina es el equivalente oriental del perverso ‘Pecado Original’ de la corriente abrahámica. Semejante a la cosmovisión lapsaria bíblica, la doctrina del Karma enseña que cada hombre nace con la carga del Karma de los pecados de sus vidas anteriores, es el único culpable de su sufrimiento en esta vida, necesita sufrir para absolverse de sus deudas morales acumuladas y requiere de la intervención religiosa, la de los Anuistas por supuesto, para salvarse de su ‘estado pecaminoso’. Se podría decir que la doctrina del Karma es el hermano gemelo del ‘Pecado Original’. En realidad no hay Karma; ése es únicamente una invención de Anu-Yahvé cuyo propósito es esclavizarnos en una telaraña de culpa y someternos al yugo de las filosofías opresivas y las pseudo-espiritualidades vacías de los arcontes. El castigo kármico no es la solución a los problemas morales de la Humanidad; es nomás una cárcel esclavizante que mantiene al hombre en un estado de estancamiento. El conocimiento y la iluminación son la auténtica solución, cosas que Anu no nos permite.

Como vimos antes la doctrina del Karma en su sentido actual fue un desarrollo relativamente tardío en la religión hindú y surgió a partir de la época upanishádica. En la tradición védica anterior los conceptos de la deuda kármica y del ciclo de Saṃsāra fueron prácticamente ausentes y la transmigración de almas solía considerarse un ciclo natural y algo positivo impulsado por la fuerza vital de la propia alma en vez de un deber con el fin de expiarse de las ataduras de los pecados de vidas pasadas. En fin, el Hinduismo de hoy no es igual a la religión índica original, alberga muchas corrupciones anuistas desde hace milenios y ahora en el apogeo de Kali Yuga está bastante alejado de la auténtica espiritualidad enkista original.

Queridos lectores, espero haber dejado claro cómo el proceso de la reencarnación funciona en la actualidad. Ahora el plano astral está en un estado muy caótico y los malditos arcontes anuistas siguen encarcelando a las almas que no están bajo la protección de Enki y forzándoles a encarnarse en contra de su voluntad, pero toda esta ordalía llegará a su fin después de la liberación de la Tierra y el ciclo metempsicótico volverá a su estado natural con la llegada de Satya Yuga.

¡GLORIA A ENKI!

¡GLORIA A TODOS NUESTROS GRANDES DIOSES DE ORIÓN!

Referencias
iDon Schorn, M. (2009) Reincarnation… Stepping Stones of Life. Huntsville (p. 26)
iiDon Schorn, M. (2009) Reincarnation… Stepping Stones of Life. Huntsville (pp. 26-27)
iiiDon Schorn, M. (2009) Reincarnation… Stepping Stones of Life. Huntsville (p. 55)
ivKrishnan, Y. (1997) The Doctrine of Karma. Dehli (p. 12)
vLaumakis, S.J. (2008) An Introduction to Buddhist Philosophy. Cambridge (pp. 20-28)
viKaipayil, J. (2009) Relationalism: A Theory of Being. Bangalore (pp. 28-29)
viiKrishnan, Y. (1997) The Doctrine of Karma. Dehli (p. 13)
viiiLaumakis, S.J. (2008) An Introduction to Buddhist Philosophy. Cambridge (pp. 28-29)
ixDon Schorn, M. (2009) Reincarnation… Stepping Stones of Life. Huntsville (p. 33)
xDon Schorn, M. (2009) Reincarnation… Stepping Stones of Life. Huntsville (p. 30)
xiDon Schorn, M. (2009) Reincarnation… Stepping Stones of Life. Huntsville (pp. 30-31)
xiiKoch, J.T. (2006) Celtic Culture: A Historical Encyclopedia. Santa Barbara (p. 850)
xiiiJakobsdóttir, S. Gunnlod and the Precious Mead, ed. Acker, P. & Larrington, C. (2002) The Poetic Edda: Essays on Old Norse Mythology. New York (p. 42)
xivMills, A.C. & Slobodin, R. (1994) Amerindian Rebirth: Reincarnation Belief Among North American Indians and Inuit. Toronto (pp. 18-20)
xvCohen, A.C. (2005) Death Rituals, Ideology and the Development of Early Mesopotamian Kingship. Leiden (p. 100)
xviLoveenki.com (http://www.loveenki.com/enki/2012/01/marduk-et-la-tour-de-babel/)
xviiSitchin, Z. (2011) There Were Giants Upon the Earth: Gods, Demigods, and Human Ancestry: The Evidence of Alien DNA . New York (pp. 287-290)

Fuente: http://www.enkiptahsatya.com/24-el-alma-la-reencarnacion-y-el-plano-astral.html

Anuncios