Soltar el personaje

En toda situación uno debería tener la libertad de cambiar de personaje. Una persona amplia se da permiso de no aferrarse a nada.

Somos infinitos, la esencia expresándose a través de nosotros. A pesar de eso, solemos creer que lo que “somos” es algo estático, que no cambia, o que no teneos la capacidad de mutar. Esto ciertamente no es así. En cualquier situación tenemos la capacidad de cambiar de rol, expandir lo que estamos siendo, de ampliarnos, y cambiar de roles dentro de nuestras relaciones es una gran herramienta para notar la amplia gama de posibilidades que tiene nuestro ser.

Creemos, erróneamente, que la púnica relación en donde podemos cambiar de rol, sin que eso dañe la relación, es en la amistad. No vemos inconvenientes para trabajar con nuestros amigos, para distraernos, para discutir con ellos, para a veces ser jefe del otro y al momento siguiente estar juntos en un almuerzo de fin de semana. Eso es muy sano, pero insisto, tiende a estar limitado a las relaciones de amistad.

Es muy difícil, nos cuesta mucho, cambiar de roles dentro de la familia. Hay cierta rigidez en esa estructura que nos hace interpretar siempre al mismo personaje. Nos vemos comprimidos por esa inmovilidad.

Esta capacidad ciertamente puede ser aprendida. Tenemos que ser capaces de ver que en todas las situaciones uno puede interpretar diferentes roles. Esto debería ser considerado quizás en las escuelas, dándole a los estudiantes la oportunidad de “actuar” de maestros, para que vean que el adulto no está en ningún estado especial ni exclusivo, para que noten que somos mucho más amplios que los papeles que nos toca interpretar. Hacer este simple ejercicio (evidentemente es solo uno de muchos ejemplos) nos saca de la rigidez, nos permite ver que somos potencialmente todos los roles, y que no es muy saludable apegarse a los personajes.

Cuando desde pequeños se nos enseña que la rigidez es ficticia, de adultos tenemos una capacidad de adaptación, de fluidez y desapego más desarrollada. Una persona educada en esta amplitud puede darse permiso de dejar ir a sus personajes nocivos, de irse expandiendo, de crear e interpretar roles sanos. A fin de cuentas, también es capaz de colaborar con los otros, porque no le cuesta empatizar, no le cuesta sentir que el otro podría perfectamente ser él mismo.

En toda situación uno debería tener la libertad de cambiar de personaje. Una persona amplia se da permiso de no aferrarse a su país, a su nacionalidad, a su idioma, a sus relaciones. Y cuando logramos hacer esto, cuando soltamos lo aprendido, la inmovilidad y el esquema, aparece todo lo demás. Nos abrimos a la amplitud y con esto a la comprensión de que somos seres ilimitados, interpretando temporalmente un papel que puede perfectamente ser sanado, cambiado, expandido, transmutado y finalmente trascendido.

Por Marianne Costa

Fuente: http://www.animalespiritual.com/soltar-el-personaje/

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