Almas Perdidas

barca

Esta es una inquietante experiencia de un ser en la Luz al que le costó cruzar por diversos motivos que nos cuenta. Ahora desde el otro plano de existencia puede aprender y también aportar Luz y guía a las almas perdidas.

Ruido, mucho ruido, cuando expiré me pareció dar tumbos entre la oscuridad con sonido metálico, estrépitos desagradables, zumbidos extraños que me aterrorizaban. No sabía exactamente si había fallecido o me ocurría algo en el cerebro; yo seguía pensando, sentía miedo, incluso dolor físico; no sabía qué me estaba ocurriendo. Poco a poco el desagradable ruido bajó de intensidad  y pude oír y ver a  médicos y enfermeras intentando reanimarme, lo veía desde la puerta de la sala. En un momento un doctor pidió que dejaran de intentarlo porque no había nada que hacer. Sentí miedo, sentí tristeza y lloré; podía llorar también, extraño, sabía que estaba muerto pero sentía y lloraba. Vi cómo se lo comunicaban a mi familia y sentí dolor en el pecho como cuando tienes un gran sobresalto o disgusto. Entre mi desesperación y la de mi familia corrí por los pasillos sin saber  adónde ir, hasta que me senté en una sala que parecía tranquila, digo parecía porque de pronto se acercaron a mí varias personas, me miraban fijamente, sus miradas  me inquietaban, no comprendía cómo me podían ver hasta que uno de ellos me habló, me dijo que si quería unirme a ellos estaría vivo siempre y que podría ver a mi familia cuando quisiera. Yo sin comprender lo que estaba ocurriendo les pregunté si no era verdad que había una luz para partir hacia el más allá, a lo que me respondieron que todo era una farsa y se rieron de mí. Estuve con ellos no sé el tiempo, vi mi entierro y a mi familia que desconsolada lloraba mi inesperada partida. Escuchaba por las noches a mi esposa rezando, pidiendo que Dios me acogiera y llamando a su padre que viniera a buscarme si todavía me encontraba en la Tierra. Nadie  vino a buscarme y  pensaba que no existía nada de lo que yo había creído que era la vida después de la muerte, hasta que un día entré en una iglesia, los espíritus  con los que estaba me habían dicho que jamás entrara pero yo quise entrar, celebraban una misa que aunque no era católica como yo lo fui sería cristiana. El sacerdote hablaba con tranquilidad dirigiéndose a todos los que estaban allí en absoluto silencio. Tras su sermón empezó a pedir por muchas cosas y los asistentes repetían su petición: Pedimos por la paz del mundo, pedimos por los enfermos, pedidos por las personas sin trabajo, pedimos por las personas sin hogar…yo me acerqué a su oído y le dije: pide por mí, pide por mí, pide por mí; el sacerdote paró un momento de pedir, respiró hondo y dijo: pedimos para que las almas perdidas  encuentre la luz; pedimos que la Luz esté presente para recibir a los que quieren encontrar la paz; pedimos que Dios acoja a las almas perdidas que aquí se encuentran. Parecía haberme oído o recibido mi súplica cuando de pronto donde estaba la pila bautismal apareció una intensa luz de la cual salieron dos seres vestidos de azul como el cielo y coronas amarillas, me acerqué a ellos que habían dado unos pasos hacia mí tendiéndome sus manos, detrás de ellos apareció alguien más, eran los hijos de mi primera esposa que habían fallecido junto a ella un desgraciado día de Diciembre cuando acudían a una celebración. Quise a aquellos niños como si hubieran sido míos, fue el periodo más feliz de mi vida.

La luz era cada vez más intensa, como una niebla luminosa, yo estaba sintiendo esa paz que esperaba sentir al momento de fallecer pero que hasta entonces no sentí porque no estaba preparado para morir, debería haberlo estado porque me quise marchar con mi familia tomándome una sobredosis de pastillas, el dolor de perderles me hizo un hombre diferente, perdí la fe en Dios, no quería oír hablar de Él, culpándolo de toda mi desdicha, por eso cuando llegó mi súbito momento estaba desconectado del Origen.

Había rehecho mi vida con otra mujer pero no se llevó la mejor versión de mí. Lo siento, ella seguiría rezando por mi alma y yo desde aquí la envuelvo de Luz protectora para que no se sienta sola, para que supere mi marcha.

Por fin entré en la luz, con un niño de cada mano, llegando allí donde siempre creí que iríamos todos, aunque hay mucho más de lo que pensé, todas las creencias son una. Estoy aprendiendo a vivir en la Casa del Creador, evolucionando a mi ritmo, reconociendo que hice muchas cosas mal, admitiendo que causé dolor, que no supe aceptar muchas situaciones que viví y al mismo tiempo puedo mandar Luz a todos aquellos que perdidos en la Tierra y apegados a la vida no quieren dejarla.

Me siento en paz y sé que mi evolución aquí será larga pero ya comprendo las causas de mis experiencias y de las de los demás porque cuando llegué se me abrió un acceso al conocimiento Absoluto en el que me siento inmerso, ávido por nutrirme de Él.

Cuando crucé a la Luz pensé que habían pasado unas semanas o quizá algunos meses desde mi muerte pero en realidad habían pasado años, por eso centraré mi propósito aquí, con el permiso que me han concedido  los Maestros, en mostrar la Luz a todos los que anden confundidos, atrapados, apegados y perdidos.

Que nadie tema  entrar a la Luz de la Nueva Vida.

¡Hágase la Luz en el mundo!

©Canalizado por Júlia García. Se concede permiso para compartir, sin alteraciones y citando la autora y el sitio web:     https://unashorasdeluz.wordpress.com/

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